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Exposición Individual: Marc Quintana - Ad Hóminem (final)

19 Junio 2007 hasta el 28 Julio 2007
  Marc Quintana - Ad Hóminem
Marc Quintana
 
  ADN Galeria

ADN Galeria
Enric Granados 49
08008 Barcelona
España (mapa de la ciudad)

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tel +34 934 - 510 064
www.adngaleria.com


Una de las ventajas de dirigir una galería que programa jóvenes artistas es comprobar los procesos de maduración que con el paso del tiempo se traducen en trabajos más complejos y trufados de significación. En el caso de Marc Quintana es aún más agudo pues conozco sus propuestas desde 2001 cuando su obra germinal apuntaba ya cierta inquietud por vehicular el entorno urbano a través de la imagen fotográfica, sin olvidar esa otra realidad mucho más autónoma y propia del oficio, el gesto pictórico. Esa fue obviamente una lucha por aprender a utilizar recursos formales, gestionar repertorios iconográficos y configurar una gramática propia.

En 2003 Marc Quintana comenzó a trabajar en la serie Ikons que se expuso dos años más tarde con notable éxito en ADN. Se trataba de una serie presentada formalmente en dípticos, contrapuntos entre formaciones pictóricas y repositorios infográficos con motivos urbanos neoyorquinos poco espectaculares. Sugerían tal vez que entre la enorme cantidad de materia prima visual, lo que llamaba la atención de este joven artista al margen del proceso con la forma y el pigmento, era lo que a la mayoría tal vez por nuestra dependencia caníbal en lo espectacular, pasamos por alto. En Ikons la señalítica urbana, las verjas de espacios abandonados o un simple candado cobraron un protagonismo casi heroico junto a campos de formaciones cromáticas, derivadas de una tradición canónica tardomodernista.

Lo sugerente del trabajo radicó en que realidades aparentemente dispares convivían en plena armonía visual presentándonos una lectura de lo urbano al margen de cualquier manifestación masiva contemporánea. En términos lacanianos podríamos decir que esos objetos repertoriados por Marc Quintana nos miraban desafiantes y reclamaban su papel en la construcción del sujeto. Al mismo tiempo funcionaron para recordarnos que el entorno urbano no sólo está compuesto de esos otros iconos turísticos que pueblan nuestro imaginario. Hay otra ciudad mucho más física, reguladora y presencial; mucho más desafiante ya que nos mira a diario para decirnos sí o no.

A partir de Ikons Marc ha estado reflexionando sobre el papel de la arquitectura dentro de su trabajo y a modo de Close up su cámara se dirigió hacia retales arquitectónicos, geometrías racionales que se insertaban en las obras ya no como contrapunto a lo pictórico sino como ensayo de nivelación entre la organicidad de la pintura y el rigor de estructuras cartesianas. El resultado fueron composiciones muy homogéneas y bien resueltas formalmente aunque más frías y cerradas. Quizás los motivos, enormes masas de hormigón, vidrio y acero, no fueran capaces de encerrar significación o albergar elocuencia, si bien es cierto que consiguieron recrear otro síntoma del urbanismo vertical, la excesiva presencia de puntos conductivos de fuga y la escasez de espacios expansivos que posibiliten distensión visual. La convivencia urbana es regulativa pero sobre todo por imposición estructural.

El trabajo que presentamos en ADN bajo el nombre expositivo Ad hómimen habla precisamente de esto último que acabo de apuntar. Y no lo hace en sentido abstracto y pretensiones macro sino reparando en aquello que más requerimos: el aire que respiramos. Metáfora no sólo de la simbiosis entre ser humano y entorno; la expresividad oral también requiere del elemento etéreo que impulsa y conduce nuestra voz. Curiosamente un elemento invisible que a causa de los procesos productivos, residenciales y circulatorios se materializa a través de cuerpos nocivos en suspensión. La relación entre contaminación e incomunicación es elocuente en esta última serie. La necesidad de utilizar prótesis filtrantes no sólo impide una comunicación fluida sino que además bloquea otro de los recursos esenciales en la comunicación: la expresividad facial.

Expresividad que sí aparece en las series de impresiones de tamaño reducido bajo metacrilato. Pero al margen de estos autorretratos del artista, nos encontramos ante personajes anónimos que destilan cierta melancolía, presente por otro lado en gran parte de la producción pictórica contemporánea. No se trata aquí de motivos que nos devuelven una mirada desafiante como ocurría en series anteriores, sino más bien diría que aquí el artista ha empezado a proyectar su propio proceso reflexivo sobre lo que implica la urbanidad masiva y sus consecuencias coercitivas menos evidentes y programáticas. La falta de espacios abiertos, de aire respirable sin suspensiones industriales, podría hacernos imaginar una demanda masiva por lo no urbano. Paradójicamente las generaciones nacidas a partir de los setenta manifiestan una predilección por buscar sentido comunal en espacios cerrados, cargados y en los que reina la comunicación no verbal.

En las obras bidimensionales presentadas en Ad hóminem Quintana recupera el formato díptico; en esta ocasión los contrapuntos a masas pictóricas magmáticas, que sugieren acumulaciones residuales de hidrocarburos y otros derivados industriales, son retratos de marcado abolengo pop. Contrariamente a los iconos del Pop Art canónico sesentero, aquí nos enfrentamos a grandes desconocidos, cualquiera de nosotros de hecho es susceptible de verse reconocido en esos retratos. En su realización formal estos dípticos me trasladan por un lado al heroicismo de la pintura de la escuela americana, gestualidad, drippings, campos de color, esencialismos plásticos, mientras que por el otro, la mitad figurativa está emparentada fantasmagóricamente con el trabajo de Edward Hopper y Ed Ruscha. Y aunque los referentes genéticos que propongo son canónicos, estas obras resultan rabiosamente contemporáneas. Diría que casi por osmosis percibimos que la pantalla de ordenador como herramienta bocetal se ha infiltrado en la materialización de las obras y que al tiempo tienen algo de cultura visual urbana, de trabajo presentado en muro, hecho este que podría derivar de los materiales utilizados, madera, esmalte, spray, polvos acrílicos y toda una miríada de productos industriales.

¿Cómo serán valoradas? Es punto de encuentro entre los integrantes del mundo del arte pedir coherencia en la trayectoria de un artista a la hora de consensuar la valía de su obra. Añadiría que es importante un continuo proceso de investigación en la presentación formal con visos de poder vehicular significado en las presentaciones objetuales. Considero que tanto la dimensión creativa como la dimensión comunicativa del trabajo de Marc Quintana satisfacen los criterios de sanción cualitativos y aunque siempre es arriesgado emitir juicios sobre el futuro, a poco que el proceso de trabajo siga los cauces apuntados, estamos ante un artista que alberga gran potencial comunicativo y un nutrido repertorio formal.

Miguel Ángel Sánchez

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