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Exposición Colectiva: NI EVAS NI ADANES (final)

11 Noviembre 2010 hasta el 4 Enero 2011
  Paco Guillén
Paco Guillén
S/T
tinta sobre papel, 50 x 70 cm
2009
 
josedelafuente.gallery Galeria JosédelaFuente / (former Nuble - antes Nuble)

Galería Nuble
C / Daoiz y Velarde 26
39003 Santander
España (mapa de la ciudad)

Enviar Correo electrónico
tel +34 (0)94 - 231 37 45
josedelafuente.gallery


En colaboración con la Galería Magda Bellotti.

Comisariada por Marta Mantecón

La cultura occidental de ascendencia cristiana debe al Génesis, con la creación de los arquetipos de Adán y Eva, la leyenda original sobre el establecimiento de dos sexos y, en concordancia con ellos, dos géneros que representan dos maneras opuestas de estar en el mundo y de vivir nuestro cuerpo, incluidos sus deseos. La cultura patriarcal, guiada por este pensamiento, ha instituido un culto a las categorías duales de pares opuestos, de manera que toda actitud o comportamiento debe encajar en uno u otro extremo: hombre/mujer, masculino/femenino, sujeto/objeto, bien/mal, etcétera. Todavía hoy, sorprende leer en el diccionario de la Real Academia de la Lengua que masculino equivale a 'varonil' y 'enérgico' mientras reserva para lo femenino los calificativos de 'débil' y 'endeble'. La identidad générica, asignada de acuerdo con nuestro sexo biológico, se ha constituido en un patrón homogéneo, inalterable y cerrado, regido por una lógica binaria de carácter excluyente que se repite una y otra vez. Lo otro quedaba -y sigue quedando- fuera de un canon heteronormativo que no sólo afecta al género o al sexo, sino también a razas y etnias e incluso a la posición económica y social de cada cual. Las imágenes y el lenguaje han contribuido también a la reproducción y difusión de tales estereotipos, bajo el influjo de las tecnologías de control.

A partir de los años sesenta, los análisis feministas, los estudios gays y lésbicos y, ya en los noventa, las teorías queer han intentado desmontar la relación causal entre sexo y género, afirmando que la identidad es una construcción cultural y lingüística de marcado carácter ideológico, que se encuentra mediada por las relaciones de poder y que lejos de concretarse como algo rígido o definitivo, se define más bien por su carácter nómada, inestable, flexible y abierto.

Detrás de la identidad genérica no se esconde ninguna verdad inmutable. Judith Butler advertía que el género constituye una puesta en escena, un acto performativo, una mascarada, una representación aprendida que se perpetúa mediante la repetición ritualizada de estereotipos y modelos (algo así como la copia de una copia). El arte feminista, así como el activismo drag y las prácticas transgénero posteriores han puesto en tela de juicio, desestabilizado y erosionado cualquier pensamiento único dando cabida a voces diferentes, alternativas, minoritarias, orilladas o silenciadas; identidades que traspasan las barreras normativas del patriarcado y su peligroso determinismo biológico y comportamental.

Entre el hombre masculino y la mujer femenina existen infinitas variaciones de subjetividades ricas en matices que escapan a las heterodesignaciones genéricas que hemos heredado, sobre algunas de las cuales esta exposición se propone reflexionar. Las contorsionistas de Ángeles Agrela, por ejemplo, son personas formidablemente flexibles, capaces de hacer con su cuerpo lo imposible, mientras que la joven que porta un enorme sillón rojo de Carmen García Bartolomé es mucho más fuerte de lo que cabía esperar. Marco Fagundes Vasconcelos ofrece un interesante giro lingüístico para presentarnos la mascarada de su tía, que en realidad es un hombre, y Pablo Burgos explora la inestabilidad identitaria a través de la figura del cruiser. Otras obras aportan una visión más ácida del binomio sexo/género, como sucede con los matrimonios a los treinta y a los cincuenta de Antonio Díaz Grande, que pervierten cualquier intento de mitificar los roles de género, mientras Violeta Caldrés ironiza sobre cómo las relaciones de poder se explicitan también en nuestra sexualidad, al más puro estilo foucaultiano. Los dibujos de Paco Guillén, por su parte, abordan cuestiones relativas a la identidad humana, pero sin adscribirla a ningún sexo ni género en particular.

Los artistas que vertebran esta cita colectiva han recurrido a un soporte tan frágil, dúctil y delicado como la propia noción de identidad, el papel, en forma de dibujos, recortables y collages, además de un par de piezas tridimensionales que desarrollan planteamientos expresados también sobre el papel. El dibujo es un medio situado al margen de las normas y reglas que habitualmente se aplican a las llamadas 'artes mayores'. Promesa de algo (la gran obra), su importancia radica en el proceso, en el instante, en el ahora; y comparte con las representaciones genéricas ese carácter no definido, no acabado, poco afín a las clasificaciones y, sobre todo, un increíble potencial para la expresión libre.

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