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Andrea Salvatori, o confluencia entre delicada artesanía e ironía irreverente

Un rasgo que caracteriza a las abuelas y ancianas tías italianas es el tener un gusto un tanto peculiar para la porcelana. Pero este gusto tan particular no se limita a los platos y tazas de porcelana. Afecta específicamente a los 'soprammobili', objetos creados para adornar los estantes de comedores y salones. Se trata de figuras de porcelana que representan principalmente damiselas y parejas de enamorados vestidos con la opulencia del s. XVIII o niñas excesivamente dulces abrazando animales domésticos o peluches. Las ancianas italianas aumentan su colección con la celebración de cada bautizo, primera comunión, confirmación o boda, ya que es costumbre en el país obsequiar a todos los invitados con un pequeño regalo (casi siempre, con los objetos anteriormente mencionados), envueltos en velos, con varios 'confetti' (un tipo de caramelo muy duro, con una nuez en el centro) y una tarjetita donde se recuerda la fecha en que la ceremonia tuvo lugar. Si lo habitual es que dichos regalos jamás se vuelvan a ver en las casas de la mayoría de los invitados, a estas mujeres, por el contrario, les enorgullece de tal forma, que inmediatamente después los colocan en los estantes sobre un 'centrino' hecho a mano, un almidonado tapete de ganchillo de algodón blanco, con el cual le dan su toque personal al objeto.



Orso, bambina e oca (Oso, niña pequeña y ganso), obra de Salvatori presentada por Galleria Estro en -scopeNewYork el pasado marzo.
Cortesía de Galleria Estro

-scopeNewYork es una feria de arte que transcurre paralelamente al Armory Show (este año ambas abrieron sus puertas al público del 12 al 15 de mayo). Sin embargo, contrastando con la ya establecida Armory Show, pretende servir de plataforma a galerías que trabajan con un arte menos conocido y más vanguardista. El lema de este año: 'Culture on the verge' (Cultura al límite), no podía haber sido más explícito respecto a los objetivos de la feria. Cabe entonces preguntarse: ¿qué estaban haciendo dos figuras de porcelana sobre un tapete de ganchillo en medio de semejante muestra? El misterio se puede explicar fácilmente. Fueron llevadas a Nueva York, y expuestas al más puro estilo de la abuela, por Elga Pellizzari, una galerista de Padua (noreste de Italia), conocida por los expertos italianos por su activa implicación con jóvenes artistas experimentales y su constante lucha por sacar adelante este tipo de arte en una ciudad que definitivamente no es un punto candente para el arte contemporáneo. La obra presentada es una escultura de Andrea Salvatori, uno de sus jóvenes artistas, en su primera exposición en el extranjero.
Con tan sólo veintiocho años, Salvatori se ha forjado una sólida carrera en el mundo de la cerámica. Tras terminar su formación profesional como ceramista, se licenció en Bellas Artes con especialización en escultura en la Academia de Bellas Artes de Bolonia. Este artista tiene sus orígenes en Faenza, una pequeña ciudad situada cerca de Bolonia, conocida internacionalmente por la extraordinaria calidad de su cerámica. Por ello no resulta sorprendente que comenzara a trabajar la porcelana cuando todavía era un adolescente. Lo que le distingue es su gran debilidad por el 'ready made' (listo para ser utilizado) y su coleccionismo compulsivo de horteras figuritas de porcelana. No espera a asistir a una boda para recibirlas, sino que compra las piezas en mercadillos de segunda mano, junto con tapetes de ganchillo artesanales.



Coppia con alce (Pareja con alce), Andrea Salvatori
Cortesía de Galleria Estro

Artísticamente, su interés por el 'ready made' le llevó a seguir un original camino: Salvatori trabaja con figuras de porcelana ya existentes y las modifica o enriquece con piezas adicionales. Si el aspecto cursi de sus esculturas es lo que decididamente llama la atención de los visitantes en un primer momento, sus intervenciones, por calidad y contenido, son las que consiguen que éstos permanezcan sin pestañear admirando su obra. La más exquisita destreza se puede encontrar en la forma en que Salvatori da forma a sus figuras, porque es precisamente ahí donde se hace indispensable su larga experiencia con la porcelana. Dado que el objetivo del artista es respetar al máximo la naturaleza del objeto con o sobre el que trabaja, se fuerza a sí mismo a reproducir meticulosamente cualquier detalle de la pieza original, hasta tal punto que es imposible distinguir dónde empieza la transformación o, todavía mejor, no se puede saber si toda la escultura está formada por partes sueltas prefabricadas o es un obra creada enteramente por el artista.



Un detalle de Mostro della laguna (Monstruo de la laguna), Andrea Salvatori
Cortesía de Galleria Estro

Por lo que respecta al contenido, es ahí donde el carácter juguetón del artista se expresa y desarrolla en toda su plenitud. Mientras Salvatori ha seguido fiel a su propósito de retorcer las historias simples expresadas en la porcelana común, el contenido de sus intervenciones ha ido evolucionando: el artista ha hecho frente recientemente a muchas de las influencias visuales propias de su generación, personalizándolas para su obra. En sus trabajos anteriores, alteró las historias utilizando lo primero que se le pasaba por la cabeza al contemplar la figura original. Por ejemplo, tomó una pequeña estatua que representaba una pareja de enamorados - en la que el novio sin duda declaraba amor eterno a su prometida- y creó un alce de enorme cornamenta que colocó justo detrás de ella. El resultado fue que, de frente, no se podía ver inmediatamente al animal, sin embargo, unos gigantescos cuernos parecían salir de la cabeza de la pobre mujer. En los últimos tiempos, como ya se ha dicho, Salvatori ha comenzado a trabajar con lo que probablemente le influyó en gran medida durante su infancia: los dibujos animados. Aparte de una pequeña pantera rosa apisonada por una gran bola del mismo color y algún otro trabajo con Mickey Mouse y el pato Donald, el artista parece haber encontrado su principal fuente de inspiración en la primera generación de mangas (o películas baratas al estilo manga) que llegaron a Europa a finales de los años setenta. ¿Quién se acuerda de toda la saga de coloridos robots que salvaban al mundo o de aquellos monstruos terribles que lo amenazaban? Adaptados al gusto del artista, se pueden ver en las últimas piezas de Salvatori, entremezclados con niñas aparentemente inocentes (aficionadas a matar brutalmente a estos monstruos) o elegantes damiselas (contra las que habitualmente acaban disparando robots futuristas).
Una refinada técnica artesanal combinada con grandes dosis de ironía. Salvatori merece un lugar en un mundo del arte que, a veces, se toma demasiado en serio a sí mismo.

www.galleriaestro.com

Texto: M. Cecchinato
E-Mail: micaela@artfacts.net
Traducción: Patricia Blasco
E-Mail: patricia@artfacts.net
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