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Premios Turner 2005: arte político o periodismo fácil?


Jeremy Deller, Bats, courtesy Tate Britain

Hasta el 23 de diciembre se expone en la
Tate Britain la obra de los cuatro finalistas al premio Turner 2005. Pese a la polémica creada entorno al exceso de implicación política de los artistas y al predominio exclusivo del medio audiovisual, la obra de Yinka Shonibare, Langlands & Bell, Kutlug Ataman y en particular la de Jeremy Deller, son interesante y elaborada.
Es cierto que este año Turner apuesta seriamente por el medio audiovisual: los cuatro artistas presentan videos ligados a la actualidad y con evidentes connotaciones políticas. Deller (Londres, 1966) ha sido seleccionado por Memory Bucket: a film about Texas, un video-documental donde los tejanos opinan abiertamente sobre varios temas, como la masacre de Waco o las preferencias gastronómicas de George W.Bush en la hamburguesería de Crawford, su pueblo natal. Deller no desea hacer propaganda de ningún tipo -la obra fue realizada antes de las elecciones americanas- pero sí mostrarnos la complejidad del mundo a través de la micro-cultura tejana. Los últimos minutos del video muestran una bandada de murciélagos salidos de un nido de basura volando sobre el atardecer: son miles, y aparentemente vuelan juntos, ordenados y en la misma dirección. Pero el zoom de la cámara y el sonido ensordecedor del batir de alas nos desvelan que más de uno revolotea y choca contra sus compañeros. Adoptando un tono apocalíptico, Deller nos recuerda que así es como actúan las masas.



Kultug Ataman, 'Twelve' Video, Courtesy of Tate Gallery

En las seis pantallas colgantes que forman la video instalación Twelve, el artista turco Ataman pone en escena a varios miembros de una secta siria que cree fervientemente en la reencarnación. Son gente sencilla y ordinaria, entusiasmada de poder contar cómo vivieron su vida anterior y de qué manera intentan integrarla con su segunda. "No sabes si hablar a tu hijo como un padre o como un amigo. Tenemos la misma edad", confiesa un renacido con el mismo tono desenfadado que utilizaría para hablar de fútbol.
La siguiente sala la ocupa la instalación de la pareja de artistas Langland & Bell. En ella se incluye una reconstrucción digital de la casa de Bin Laden realizada durante un viaje a Afganistán en Octubre de 2002. La obra de Langland & Bell se ha caracterizado por la exploración de las relaciones entre el individuo y la arquitectura. En esta ocasión, un joystick permite al espectador realizar un recorrido virtual por los rincones del refugio del terrorista e imaginarse que de un momento a otro aparece un talibán armado hasta los dientes para atacar. Segundos después, la ilusión desvanece: esto no es una partida de Nintendo, sino una obra de arte. La frustración es doble al descubrir que la instalación paralela - una filmación en directo del juicio a uno de los Señores de la Guerra - ha sido retirada de la exposición por interferir en el juicio de otro afgano que transcurre actualmente en los tribunales de Londres. Solo nos queda escuchar la voz triste y melancólica de un mullah entonando las oraciones ante la corte suprema que los artistas pudieron grabar en directo durante su estancia en Afganistán.



Tinka Shonibare,'Un ballo in Maschera', courtesy of Tate Britain
El último espacio es para Shonibare, artista nacido en Londres y educado en Nigeria que se describe a sí mismo como un híbrido post-colonial. Su obsesión por el arte del siglo XVIII y los tejidos africanos son la base de su instalación audiovisual Un Ballo in Maschera. El video reproduce la muerte de Gustavo III de Suecia, asesinado en 1792 entre el jaleo de un baile de máscaras. Los bailarines bailan en silencio, vestidos con trajes rococó de coloridas telas africanas que, paradójicamente, han sido fabricadas en Holanda. Shonibare pone el dedo en la llaga haciendo renacer este proceso de manufacturación colonialista.
"Leave films to filmmakers", comenta un visitante al salir de la exposición. Quizá tenga razón. Pero hay que tener en cuenta que el jurado de Turner no premia exclusivamente una obra sino la trayectoria vital de un artista junto a su capacidad de exploración y creatividad, sea cuál sea el medio que utilice. En comparación con ediciones pasadas, "el compromiso político es muy importante este año. Es bueno ver a los artistas con la mirada puesta mas allá del mundo del arte y de sus vidas" afirmó Stephen Deuchar, director de la Tate Britain. Esto no significa que los artistas hayan de convertirse en periodistas: el premio será para aquel que mejor traduzca sus pensamientos al lenguaje visual y aporte nuevas ideas para la reflexión.

Texto:Andrea Rodés
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