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PROYECTO ATLÁNTICO DE ARTE DIGITAL


Atlântidigital'ART, London November 2004 - photo by MANUEL PÉREZ

ARRANCA UNA INYECCIÓN ECONOMICA PARA DESARROLLAR LAS ARTES DIGITALES EN LAS REGIONES EUROPEAS ULTRAPERIFÉRICAS.

De un tiempo a esta parte no dejamos de oír hablar a nuestros políticos de la necesidad de invertir en I+D+i (Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica) la i minúscula es una aportación de último momento obligada por la presión que los analistas realizan acuciándonos con que ya estamos rodeados por las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), algo tan cierto que no hay más que llevar la mano al bolsillo para vernos cargados de teléfono móvil, PDA y, en algunos casos que no consigo comprender, localizador GPS. Es cierto, pues, que las tecnologías de la información y las comunicaciones nos tienen rodeados y que nuestra vida ha cambiado definitivamente desde que el ordenador personal (sea de raza mac o pecé) ha entrado en nuestras vidas, tras él, todo lo demás, el móvil, la cámara de vídeo, la camarita digital de fotos, la PDA, un sinfín de artilugios a los que sin querer hemos ido arropando en nuestras casas. Pero de la misma forma que la ciudadanía acopia los cacharritos tecnológicos que el mercado nos brinda, el arte, con su natural anticipación, lo viene haciendo desde antes, tanto que podríamos remontarnos a mediados del siglo pasado para ver los inicios del arte cibernético con la obra de Ben Laposky cuando utiliza un osciloscopio para generar las primeras formas ondulantes consideradas artísticas, a las que el propio autor se refiere como abstracciones electrónicas, aunque no será hasta 1965 cuando se celebre la primera exposición de arte cibernético ('computer-art') en la Technische Hochschule de Stuttgart y, con posterioridad y en el mismo año, en los EUA se celebre otra en la Howard Wise Gallery de New York.


Desde entonces podemos considerar a las artes digitales parte de la Historia del Arte y hoy a nadie extrañan, tampoco a nuestros políticos de la Unión Europea que desde el Programa Interreg III B para la integración de zonas ultraperiféricas de la Unión, dirigido en este caso específicamente a las islas de la Macaronesia (conjunto geográfico formado por las islas Açores, Madeira, las Canarias y Cabo Verde, excluida del programa al no pertenecer a Europa, pero que recibirá alguno de sus beneficios junto a países como Marruecos, Mauritania o Senegal sujetos a la influencia macaronésica) han decidido potenciarlas.
Como parte de este programa europeo se acaba de aceptar el Proyecto Atlántico de Arte Digital (PAAD), sí, son todo siglas, lo sé, pero la política es así; un proyecto que echó a andar con el Atlântidigital'ART (Seminário Internacional de Arte Digital) entre los días 19 y 21 de Noviembre en Ponta Delgada, capital de la azoriana isla de São Miguel. El PAAD tiene como socios al Instituto Açoriano de Cultura, la Universidade da Madeira, la empresa ALMASUD, el Cabildo (gobierno insular) de Lanzarote, el Cabildo de Gran Canaria, y la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de las Islas Canarias. Este proyecto cuenta con un capital que asciende a casi dos millones de euros para ser desarrollado durante dos años y tiene como objetivos primordiales el desarrollo de talleres (workshops) para la promoción de las distintas artes digitales entre los artistas pertenecientes a la Macaronesia, talleres que fructificarán en la producción de obra digital para ser expuesta en distintas exposiciones colectivas entre las islas macaronéiscas; además se establecerá un certamen de arte digital entre los artistas pertenecientes a estas comunidades ultraperiféricas, la formación de una colección de arte digital que será expuesta en lo que en los acuerdos alcanzados se llama, de una manera completamente desafortunada y falta de conocimiento del medio digital, Pinacoteca Digital cuyas aportaciones fundamentales vendrán de los artistas acogidos a los distintos talleres y programas de intercambio, las obras digitales que pudieran ceder los distintos socios y las donaciones que los artistas macaronesios quieran realizar. Ésta es una de las partes importantes del proyecto pues supone un gran desembolso económico y tendrá una ubicación tanto física como virtual; también se contempla la creación de una mediateca cuya finalidad primera será la recopilación de obras en DVD y CD para su mejor difusión, recopilación que contempla la conversión desde otros formatos, como el VHS o la fotografía y diapositiva, para su integración en el cuerpo general de fomento del conocimiento de las artes contemporáneas.


Todo este proyecto culminará con la creación del Centro de Creadores e Interpretes de la Macaronesia (CIMAC), tal vez el acuerdo que posee un mayor interés tanto por su envergadura económica como por el alcance con que se ha definido, ya que su finalidad es la creación de un centro estable de intercambio entre artistas, que serán becados para ello con residencias temporales, a fin de poder profundizar en este tipo de artes desde el conocimiento compartido que es la única forma de llegar a enterarse de algo, y una de cuyas sedes ya parece decidida en favor de Las Palmas de Gran Canaria en el Centro de la Cultura de Ciudad Alta y que dependería tanto del Departamento de Audiovisuales del Cabildo de Gran Canaria como del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), un importante centro de arte español muy interesado en explotar su condición de encrucijada entre los continentes africano, americano y europeo.


Texto: Nilo Casares

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