Language and login selector start
Idioma
Deutsch
English
Español
Français
Italiano
Language and login selector end

¿Podemos deshacernos de la historia?


Palast des Zweifels © Gorm K. Gaare

Casi con toda seguridad, el palacio de la República, símbolo arquitectónico de la RDA en Berlín, será demolido, y cada vez más se oye hablar de la reconstrucción del palacio Hohenzollern, que se hallaba en ese área.

En los cincuenta, el gobierno de Walter Ulbrich ordenó derribar los restos del palacio, en parte destrozado durante la guerra, en vez de reconstruirlo como se hizo con otros edificios igualmente dañados. Por supuesto no se trataba de un edificio muy apreciado por el socialismo de la época que intentaba dar una imagen revolucionaria. Su arquitectura refleja el trasfondo político de la época: una nueva concepción estética en la que prima la funcionalidad. Un conocido ejemplo de ello es el proyecto de la mítica Alexanderplatz.
En 1973 se empezó la construcción del enorme palacio de la República en la parte sureste de la Schloßplatz, terminándose en 1976. El edificio iba a ser la sede de la Volkskammer (el parlamento) y un centro cultural para exposiciones y eventos.
El proyecto fue dirigido por el arquitecto Heinz Graffunder. El palacio es un bloque rectangular de 180 metros de largo y 87 metros de ancho, cubierto parcialmente por cristales marrón oscuro y contraventanas metálicas doradas, y por mármol blanco. En el interior había una gran sala con 5000 asientos, la cámara del pueblo; restaurantes y bares, un teatro e incluso una bolera.
Durante 14 años fue uno de los más importantes edificios públicos de la República Democrática Alemana, albergando incluso una interesante colección permanente que ahora se encuentra en el Deutsches Historisches Museum, y que reúne a artistas cercanos al régimen. El mobiliario fue criticado fuertemente durante años. Las cientos de lámparas que colgaban del techo del vestíbulo principal recibieron el sobrenombre de Erichs Lampenladen, la tienda de lámparas de Erich, en referencia a Honecker, quien estaba realmente orgulloso de ellas.



Palast der Republik © Gary L. Catchen

Los problemas empezaron en 1990, cuando el edificio fue cerrado a causa del asbesto que contenía su estructura. Desde entonces, su demolición ha sido discutida y contrastada públicamente.
En 1998 fue retirado el asbesto, después de esto ha sido utilizada para diversos eventos y espectáculos en espera del juicio final.
Últimamente se ha valorado positivamente su carácter funcional, aunque la opinión más generalizada es que es un ejemplo de mal gusto socialista.
En cualquier caso, es cierto que, actualmente, el palacio da la impresión de ser un gigante exhausto aguardando su fin.
Es doloroso verlo tan viejo y sucio, en un Berlín que se está creando a sí mismo a gusto. Una ciudad señorial que, a pesar de los problemas financieros, se plantea un ambicioso futuro. De todas formas, el proyecto no se puede realizar todavía, a pesar de que a veces parezca todo resuelto: nada de signos de la RDA en esa plaza. En su lugar, un vistazo real al Berlín de Federico el Grande. Dedicado a los nostálgicos, una exposición con ilustraciones y dibujos describe el palacio en tiempos de los Hohenzollern: Un pequeño paseo romántico al pasado.

Por el contrario, la exposición actual de Lars Ø Ramberg Zweifel parece un grito. Una palabra, un logotipo, una idea, una provocación. Las letras gigantes, iluminadas por lámparas de neón, son parte de un proyecto que, sin estar definido políticamente, intenta encontrar el significado de la identidad en un mundo globalizado, en una Alemania que se enfrenta desde hace muchos años a los problemas de la reunificación.
El mensaje no es tan explícito como aquél que enviaron dos políticos del PDS: "Parad la demolición". Es uno más sutil, más adecuado a nuestros tiempos, que tampoco son nada claros. Los signos que dominan el techo dan un nuevo nombre al palacio: Palast des Zweifels, Palacio de la Duda, y, ciertamente, te entran dudas si observas estos hechos. Es posible que no lo podamos ver más como símbolo de la utopía. Pero, ¿es acertado derribar un edificio como éste, con toda la carga histórica que conlleva?

Esperemos que los meros motivos estéticos no sean los que se impongan y que quien decida sobre el futuro del Palast der Republik se plantee alguna que otra duda a propósito de hacer desaparecer la historia antes de usar la excavadora.

Texto: Giovanna Conte
Traducción : Maria Caballos

www.volkspalast.com

  • ArtFacts.Net: la experiencia al servicio del arte

    Desde sus comienzos en 2001, ArtFacts.Net™ ha desarrollado una exhaustiva base de datos de artistas a través de sus colaboraciones con galerías, museos, ferias y asociaciones de marchantes de arte nacionales e internacionales