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Juan Domingo - En el cubo de mi madre


En el Cubo

La obra de Juan Domingo ha pasado hasta hoy por tres etapas y se encuentra en la cuarta de una manera bastante clara en cuanto a las formas pero nada obvia en cuanto a los contenidos.
Sus inicios, como el de tantos otros artistas españoles de los noventa, estuvieron ligados a la pintura, una pintura que algunos veían ligada al pop pero que, muy al contrario, estaba empeñada en un realismo melancólico que tenía mucho que ver con la literatura española de la posguerra civil cuando allá por los cincuenta se nos contaba lo mal que se vivía y lo peor que había sido la infancia. Con una pintura ligada a la melancolía, retrataba las historias que cada uno podría haber vivido en un patio de colegio, pero en un lugar de esparcimiento donde había poco espacio para el recreo y todo para la lucha, la lucha por confirmarte como ciudadano a fuerza de joder a los demás. En este sentido siempre creí que las obras de JD eran de una certeza meridiana, porque yo mismo tuve que sufrir esa presión escolar, y salí multitud de veces lesionado de los recreos escolares en los que se suelta a la chiquillada a correr y desfogarse tras horas de represión magistral, como lo sufrí lo reconocía como real en cada cuadro de JD, de abundosos grises y algún verde que sólo podía presagiar la sangre que corre por los quirófanos.



Foto 4 Video

Así era su pintura, una pintura a la que pronto vio incompleta y la ayudó a resistir y acertar en la precisión con el auxilio de los recursos gráficos de reproducción. Al revés que otros pintores que utilizan los mecanismos de proyección sobre la tela para afinar en el dibujo, JD se decidió por incorporar los propios acetatos de los procesos de impresión sobre la madera para que la representación ganase en verismo, aunque ya no buscara el realismo, es curioso, gracias a una técnica de mayor precisión fue dejando el realismo en favor de una verosimilitud estridente que le acercaba a la figuración neurótica de más al norte.

No sé bien cuándo dio el giro hacia el movimiento, desconozco por qué se cansó de la representación estática, pero el caso es que con la extensión de la informatización de la sociedad española, que debemos datar a partir de 1996, JD se fue decantando por la animación de unas imágenes gráficas que ya residían en el ordenador porque de ahí las sacaba para ser fijadas sobre el cuadro. Con pequeñas obras de iniciación en las que ponía a prueba el nuevo espacio en que entraba, fue profundizando en la animación hasta conseguir una notable soltura que le permitió dejar casi de lado la pintura, y la pintura por otros medios que es la imagen gráfica, para adoptar el lenguaje de los dibujos animados con entera dedicación. En esta nueva etapa, tras superar la fase pictórica y gráfica, se acusó el verismo y acentuó la imposibilidad de que sus imágenes fueran ciertas porque nos seguía sumergiendo en una sátira social de imposible realidad en los términos expuestos, y sin embargo de una enorme verosimilitud que llevaba a sectores muy marcados del público, normalmente gentes angelicales que creen en cualquier milagro, a dar por cierto lo que veían en sus animaciones cuando no eran más que fruto de la apropiación voluptuosa de las imágenes que pueblan nuestra iconosfera, tanto la material como la gráfica, con un proceder que se nutría tanto de imágenes capturadas de InterNet como tomadas del supermercado de la esquina. Todo ese material al alcance de la mano era remezclado por JD para seguirnos hablando de la infancia, con esa melancolía de que hablé al principio, y de los poderes que nos siguen sometiendo al orden como cuando somos chiquillos, no dejando nada a nuestra iniciativa, salvo el recurso a la violencia que es el menos adulto de todos pero el más inmediato en ese pequeño monstruo que somos cuando niños.



Hacia el Cubo

Y llegamos al día de hoy, a su, a mi juicio, cuarta etapa. Si, cuando comenzó en la animación gráfica por ordenador, sus obras tenían un difícil encaje en el mundo de la videocreación y por ello en un sinfín de festivales del ramo su obra era rechazada por rozar la narración fílmica corta (el cortometraje) en esta ocasión nos presenta una obra, corta, animada con interpolación de imágenes reales, como ya sucediera con su anterior vídeo, en la que su viraje al cine es total, su componente narrativo es tan alto que su incursión en la videocreación, por más que estemos asistiendo a unos momentos en que los videastas rayan en todo momento lo fílmico, muy lejos de otros momentos del videoarte en que cualquier parecido con el cine era evitado por sus autores como quien huye del diablo, pues a pesar de estos momentos de confusión entre lo fílmico y lo videográfico, la nueva obra de JD es decididamente cine, corto, pero cine; aunque no llega a ser cine de exposición porque tiene una duración tan menor que no resistiría su aceptación por los popes del medio y, por otro lado, no es una pieza pesada y sesuda sino que casi vuelve a ponernos ante sus temas de siempre si bien ahora ya no son los poderes los que nos joden ni lo hacen cuando somos niños, en su nueva obra nos joden ahora, de mayores, y vienen del espacio exterior apropiándose de toda la iconografía de la serie C del peor cine americano.

Con este paseo por lo peor, en una sala intervenida para la ocasión con distintos polípticos de raíz pictórica y solución gráfica que hace convivir las proyecciones con la intervención mural, vemos a JD pasearse por esta galería que empieza.

www.pazycomedias.com

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