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"¿Qué pasa en… Madrid?" de Andrés Isaac Santana


Museo Reina Sofia (MNCARS)

¿Aldea global, ciudad moderna, metrópolis cultural o laboratorio de simulaciones?

Toda aproximación, interpretación, valoración, del acontecer artístico de una ciudad, sobre todo si esa mirada toma como objeto furtivo de su deseo díscolo al arte y/o prácticas estéticas contemporáneas que se exhiben y se producen en ella (y a su marco institucional de referencia), puede correr el riesgo de ser tan parcial y excluyente como temeraria y errática. Considerando esta premisa, valdría la pena trazar unas notas respecto a los modos en los que se moviliza la exhibición, promoción (y, por tanto, visibilidad) de la creación artística contemporánea en las parcelas madrileñas, así como algunas referencias al andamiaje y diseño institucional sobre el que se sustenta esta puesta en escena.

Como una más de las urbes europeas que han podido granjearse el reconocimiento de ciudad de las artes, Madrid alardea de poseer un sistema institucional fuerte, cuya articulación queda traducida a través de una amplia red de galerías, centros de arte, universidades, museos, fundaciones, escuelas de arte, asociaciones, colectivos de artistas, salas de exposiciones, instituciones de todo tipo, tanto públicas como privadas... Si a esta realidad añadimos el hecho de que en Madrid tienen lugar varios certámenes y eventos de repercusión mundial, como la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO y PHotoEspaña, habría que revisar esa opinión de acento apocalíptico y pesimista que manejan algunos intelectuales y críticos cuando no dudan en juzgar el estatus sociocultural y artístico de Madrid de muy localista.

Baste un examen del paisaje estrictamente galerístico para confirmarr las ansias de modernidad metropolitana que compiten con su rival española, Barcelona, pese a los más recientes desvaríos políticos de ésta última y a su obstinada postura frente al nacionalismo catalán. La internacionalización de la propuesta galerística madrileña es un rasgo a considerar en comparación con otras ciudades semejantes. Con independencia de todas aquellas muestras que repasan la obra de artistas madrileños y españoles, existe una oferta expositiva de marcado énfasis internacional, en el que destacan algunas galerías líderes en virtud de su nivel de riesgo, de compromiso con lo contemporáneo y por el desprejuicio que manifiestan a la hora de exponer todo tipo de lenguajes, más allá de las amenazas de fracaso de cara a un coleccionismo que aún no alcanza el nivel que tienen otros escenarios culturales de la ciudad.



Ruth Gómez - Animales de Compañía 1 (2005); Cortesía Galería Olivia Arauna (Madrid)

Las galerías madrileñas apuestan por combinar las presentaciones de artistas nacionales con las poéticas de muchas figuras internacionales. Las que cuentan con dos espacios, suelen considerar esta situación a la hora de diseñar sus programaciones. No siempre los dos espacios están ubicados en el centro del interés de la ciudad, lo que activa otras zonas menos favorecidas por la concurrencia de sitios. Otras, como Distrito Cu4tro, han optado por dar nombre distinto a ambos espacios, introduciendo así sutilezas que sí pueden crear una predisposición ante la propuesta que en ese momento se exhibe.

Un gran número de artistas españoles ven bien la internacionalización de la propuesta expositiva; sin embargo atribuyen a ella el hecho de que, con frecuencia, las galerías no ofrecen la oportunidad de colocar sus obras. Esta queja, que en cierto sentido me resulta comprensible, es absolutamente inoperante en tanto las galerías no operan con dinero ni fondos públicos. De ahí que se arroguen el derecho (lo tienen) de trabajar y exponer aquella obra que, según sus puntos de vista (errados o no) les garantiza un “caché” y unas ganancias al menos presumibles. Esta situación debería ser objeto de cuestionamiento por las instituciones que funcionan con presupuesto de dinero público, y que bien podrían generar certámenes, eventos, espacios para la aparición de jóvenes artistas y proyectos un tanto alternativos a la norma común que siguen las galerías madrileñas. Un poco de audacia tampoco estaría mal para espacios que son los que mantienen más movido y actualizado el estado la de cuestión, en términos de lo que a creación artística se refiere.

Por otra parte, se echa demasiado en falta la existencia de espacios y zonas (sean alternativas o convocadas desde la misma Institución-Arte) para el debate en el que todos y cada uno de los actantes del campo artístico hagan uso de la voz. La prensa especializa edita sus textos, las críticas (a veces lacerantes y tendenciosas) son publicadas, los certámenes tienen lugar, las exposiciones se inauguran y desmontan, y el ruido de un debate apenas llega siquiera a superar el contexto de un café al azar o de una charla accidentada con un amigo. A diferencia de lo que ocurre en otros países, por ejemplo del área latinoamericana, en los que la queja y la contestación resultan casi una cuestión ontológica y de identidad, en Madrid existe una especie de amnesia y de autismo que neutraliza la discusión y el debate enconado sobre aquellos fenómenos que mediatizan y condicionan el éxito de la escena del arte o su absoluto desvarío. La discusión, que con tanta desmesura se sostiene en el terreno político, se agradecería mucho en el del arte y sus mecanismos en el contexto de esta ciudad. Las mismas publicaciones pudieran generar un poco más esta política de debate. La réplica debe ganar un espacio aún mayor, trascendiendo incluso la unilateralidad de los juicios .

En otra posición del campo está esa otra parcela de las grandes instituciones (privadas y públicas): museos, fundaciones y centros de arte. El caso paradigmático, se esté o no de acuerdo con ciertos funcionamientos y/o proyecciones, es el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) . Su Departamento de Exposiciones Temporales, dirigido por Marta González, lleva a cabo un importante número de exhibiciones que van desde proyectos curatoriales monográficos a revisiones de carácter historicista que arrojan luz sobre procesos o figuras (a veces poco conocidas en España), hasta ensayos mucho más ambiciosos y lúcidos que plantean nuevos re-posicionamientos epistemológicos y cuestionan algunos enfoques consagrados por el saber académico, propenso al enfoque historiográfico . El Palacio de Cristal y El Palacio de Velázquez, ambos en el Parque del Retiro y pertenecientes al Reina Sofía, son otros dos espacios con grandes ventajas desde el punto de vista museográfico que completan la oferta.

Dentro del MNCARS, el Espacio UNO (fundado por Rafael Doctor, actual director del MUSAC, León, España) se inclina hacia propuestas curatoriales más contemporáneas de artistas vivos. Aunque tratándose casi del único área con un nivel mayor de compromiso con lo estrictamente contemporáneo, sus propuestas pudieran ser un tanto más audaces . El nuevo edificio de J. Nouvel, ofrece enormes posibilidades dentro del programa de las muestras temporales, sin considerar que ello tiene también un impacto de cara al destino y rediseño de la colección permanente .

Como sucede con las galerías, (no podría ser de otro modo, tratándose de un museo nacional), la oferta expositiva sí que tiene un carácter y perspectiva internacionales de rigor, por más que algunos sectores de cierta prensa sensacionalista insistan en plantear lo contrario. Una revisión no tendenciosa de sus últimas exposiciones así lo demuestra, aunque bien pudiera fomentarse una política de exhibición con mayor índice de riesgo y que no sólo incluya nombres ya estabilizados por los mecanismos de validación y las plataformas (a ratos engañosas) del prestigio. Creo que ésta es una de las razones por las que con tanta vehemencia un sector de la crítica pide a gritos algunas revisiones (y por tanto emancipaciones) de lo que se cree roza un tanto el conservadurismo, algo que habría que valorar a fondo desde el reconocimiento de las funciones de un museo con la categoría de “Nacional”, en comparación con los centros de arte y las fundaciones, que tienen un margen estratégico de maniobras mayor. El programa del Departamento de Audiovisuales, que dirige Berta Siche,l es, lejos de todo elogio gratuito, de las mejores cosas que hace hoy por hoy el museo y que, sin embargo, alcanza muy poca repercusión en el territorio de la crítica .



Ruth Gómez - Animales de Compañía 1 (2005); Cortesía Galería Olivia Arauna (Madrid)

El Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid también hacen lo suyo en el ajetreado y a veces ingrato panorama del arte. La Sala Alcalá 31 (de la Comunidad) y el Centro Cultural Conde Duque, donde además se encuentra el Museo Municipal (ambos del Ayuntamiento), consolidan dos puntos de exhibición y movilización contemporáneas. Alcalá 31 se ha convertido en un referente de buenos proyectos en sintonía con los conflictos y preocupaciones que ocupan hoy al debate del arte y sus derroteros. Aunque se nota, a veces, una diferencia muy marcada entre el rigor que sustentan algunos de los proyectos colectivos y la fragilidad de varias de las propuesta monográficas comisariadas, que suelen estar siempre abocadas a nombres ya reiterados. Pero debe considerarse este espacio un buen frente de divulgación que se inclina por exposiciones de tesis para revisar fenómenos y síntomas actuales. Su más reciente exposición, organizada por el colectivo de artistas El Perro, legitima su condición de institución de vanguardia.

Las diferentes salas del Círculo de Bellas Artes se prestan también a la acogida de lo contemporáneo, sobre todo cuando hacen parte de macro-eventos que movilizan la escena madrileña, como el Festival Internacional de Fotografía PHotoespaña, que se celebra cada mes de junio bajo el diseño de comisariados de carácter temático. Más allá de las muestras históricas que revisan genealogías de asuntos o temas (como la actual de fotografía), otras muchas incursionan, con mayor o menor fortuna, en la estética reciente. El Canal de Isabel II (de la Comunidad de Madrid) y la Fundación Canal, son puntos interesantes en el tratamiento y diálogo con lo contemporáneo. El primero se orienta hacia la investigación fotográfica, mientras que el segundo se expande a exposiciones que incluyen desde los trabajos más recientes de artistas de renombre internacional hasta propuestas de moda, diseño y otras parcelas de la creación artística.

Es interesante la labor que desarrolla el Departamento de Artes Visuales de Casa de América, con exhibiciones en las que se privilegia la amplia y azarosa cartografía de las prácticas artísticas contemporáneas de América Latina, con el objetivo de revisar alguno de los signos de configuración estética que marcan la zona. Sin embargo, a veces su propuesta resulta también conservadora y aburrida en extremo, a causa de proyectos que revelan poco interés, o de obras que resultan relecturas o ensayos epigonales de otras que si merecerían atención.

Pocas son las iniciativas emergentes al margen de la institución. Un caso particular es el proyecto Doméstico, justo por esa necesidad inobjetable y ‘morbo’ que tenemos todos por aquello que se aparta un poco de lo habitual, de lo ya visto. Aunque la alternatividad misma del proyecto sea cuestionada porque no parte de una práctica de auto-gestión, sino que opera con presupuesto institucional.

Entre las grandes instituciones privadas que juegan un papel estimable en la movilización del arte contemporáneo (pero con un claro acento hacia la internacionalización de la propuesta curatorial), están las Fundaciones y las instituciones bancarias, sobre todo las Cajas de Ahorro: Caja Madrid y La Caixa (con sede central en Barcelona, Caixa Forum). Muchas de sus mestras no se centran estrictamente en la producción más reciente, ni siquiera en los lenguajes que la estructuran, pero sí ofrecen lecturas revisionistas desde una perspectiva claramente contemporánea. También es el caso del Museo Fundación Thyssen Bornemisza, en el que cada exposición no sólo busca recrearse con obras bellas (a propósito de la arrogancia típica de la figura del comisario), sino que estructura tejidos lectivos con aires de absoluta actualidad.

Otras dos instituciones bancarias: la Fundación ICO (que exhibe ahora mismo una espectacular muestra del que ha sido uno de los diseñadores y arquitectos más importantes del XX, el húngaro Marcel Breuer) constituye otro punto de obligada visita en Madrid; y La Casa Encendida, con una de las apuestas más arriesgadas por la innovación en términos estéticos y una clara tendencia hacia lo experimental. Esta institución cede espacio a creaciones jóvenes y convoca dos premio: Inéditos, para comisarios noveles, y Generación, para artistas y en coordinación con Caja Madrid . Fundación Telefónica, como último ejemplo de esta lista insondable , apuesta fuerte con muestras que van desde comisariados monográficos e historicistas hasta propuestas bien contemporáneas (con lenguajes de última hora que han favorecido un replanteo de ciertas máximas y nociones de valor en torno al arte y sus presumibles límites) y exposiciones sobre el discurso estético de un país determinado o el socio-estéticos de todo un continente, como ocurrió con Mapas Abiertos: Fotografía Latinoamericana 1991-2002.

Por último, citemos a las ferias y eventos internacionales que mueven la ciudad en las fechas en que realizan. Son varias las citas, pero considerando su importancia (tanto por el peso que reviste su convocatoria mayúscula como por su tradición sostenida) ARCO ha devenido el momento de mayor movida y visibilidad del arte contemporáneo en Madrid . Números incalculables de galeristas, coleccionistas, críticos, comisarios, instituciones extranjeras, artistas de todo el mundo, se dan cita en Madrid cada año durante el mes de febrero para establecer insospechadas transacciones e infinitos diálogos con la estética más actual. Con un diseño estructural ya estabilizado, aunque con incómodos cambios continuos de nomenclaturas, que reconoce la presencia de los clásicos hasta los más noveles (inscritos en áreas diseñadas por comisarios internacionales), ARCO es la gran cita del arte contemporáneo en Madrid. De su importancia se habla, sobre su estructura y poder de convocatoria se especula, de su astronómicos costes también se rumorea, y mucho. Pero sería errático no considerar que estamos hablando de la magna fiesta de la contemporaneidad en una ciudad a la que, a veces, se le acusa de modernamente falsa, de aldea medianamente globalizada y de laboratorio donde la contemporaneidad no es una realidad sino un instante simulado, la construcción de un ansia metropolitana.

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