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Explosión


Naoya Hatakeyama - Blast 0608

Con un ensordecedor estallido, material duro y masivo explota en una fracción de segundo, resquebrajado en infinitas y pequeñas partículas. Ninguno de nuestros cinco sentidos puede someterse a tal violencia; son sin embargo desbordados por una inconcebible potencia, destructividad, velocidad y penetración.
Aquello que se nos muestra en el momento de la explosión, no se deja organizar, ordenar o atribuir por nuestro juicio. Son imágenes informales de volátiles e isentrópicos movimientos y disoluciones; imágenes de partículas destrozadas, arremolinadas, sin control, sin identificación, sin significado. Aquello que con un choque imprevisto irrumpe una estructura bien ordenada, casual y cotidiana; sobre esfuerza nuestra percepción, alarmando nuestros instintos, no permite el dominio. Es exactamente ahí donde el hombre encuentra sus miedos, sus amenazas, sus traumas, pero incluso también, un especial estímulo estético.

Este estímulo pertenece a la estética de lo sublime. Lo sublime –según Edmund Burke- designa una cierta sensación, que no entra en la categoría de lo bello, sino muy de lo contrario en percepciones reunidas entre sí: placer (gusto), desagrado, riesgo, miedo, terror y alivio.

El sentimiento en el que nos toma lo sublime puede ser por ejemplo, cuando observamos un acontecimiento amenazante desde una distancia segura.
Kant aclara que lo sublime surge en la naturaleza del espectador a través de la disputa entre dos partes de la razón (razón e imaginación), y no se encuentra en el acontecimiento ni incluso en el objeto mismo.
La imaginación es incapaz de representar lo indecible (desagrado); mientras, a través del fracaso de la imaginación, la razón demuestra la existencia de sus grandes ideas (placer). En comparación con los otros casos, en lo sublime no es posible reconocer el objeto como forma bella identificable, porque no logra la síntesis fundamental entre espacio y tiempo.
Lyotard, que asigna la noción de lo sublime especialmente en las vanguardias de arte del siglo XX, detecta el valor productivo de los sublime en aquello que será estimulado por la imaginación, para asignar una expresión de lo indecible y lo irrepresentable,.
Bohrer señala el aspecto de lo repentino y del terror en el sentido de lo sublime, aspectos que también son momentos esenciales de lo irrepresentable, de un devenir atónito-sensorial.


Cristian Andersen


La explosión como acontecimiento y experiencia pertenece a esta categoría estética, pero no necesariamente como representación del objeto. La brutal brevedad del resumen sobre lo sublime no debe despertar la impresión de que la búsqueda artística hacia lo irrepresentable pueda ser concluida simplemente rellenando los vacíos con un contenido concreto; de lo contrario, siempre vuelve a empezar de nuevo y no funciona según una fórmula concreta. Sin embargo los rasgos fenomenales de la explosión, su sublimidad hacia nosotros, explica esta frecuente y variada preocupación artística con la explosión como experiencia irrepresentable.

Los siguientes ejemplos de explosiones fotográficas ilustran diferentes maneras de acercarse a este tema, y muestran cómo pueden salir de un mismo recipiente diferentes resultados.

Una peculiaridad en las imágenes de Hatakeyama es el énfasis en el aspecto de la forma de la explosión. El efecto de separación de las partículas no se sucede en un caos total, sino en el orden de una onda expansiva uniforme. Se origina una nueva forma, una especie de escultura, la cual (incluso también cuando dura menos que un instante) será arrojada por una fuerza indescriptible y al mismo tiempo detenida, constituida por ella y al mismo tiempo destruida. El hecho de que aquí sea fotografiado el material bruto, abstracto, un paisaje de piedras explotando sin contexto sin crear detalles, señala asimismo su fuerte impresión escultórica.


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Martin Klima


En las fotografías de Christian Andersen estallarán cosas concretas, objetos del día a día, los cuales como símbolos de fuerza, poder y conocimiento ofrecen una cierta seguridad, pero que también están conectadas a una cantidad importante de potencial de frustración. Esta relación será intensificada en su ambivalencia, en la cual el observador será abandonado por un oscuro amenazante e ilícito entorno, donde el lugar representado por la certeza y el progreso nos seduce con luz destructiva. Se mezclan inseguridad y liberación, donde los atributos humanos del valor se deshacen, y nada permanece, excepto la materialidad desnuda de un objeto ahora sin valor.
Los concretos objetos cotidianos en las imágenes de Andersen consiguen automáticamente una referencia a la vida directa, a un entorno social, que se traduce en referencias inmediatas negativas hacia los comentarios crítico-sociales.

Las imágenes de Martin Klima
muestran figuras asiáticas de porcelana, capturadas fotográficamente en el momento de impacto contra una superficie dura, en el momento de estallido y ruptura.
Pero curiosamente –en comparación con las imágenes de Hatakeyama
- se pondrá un fuerte énfasis hacia una narración en serie, es decir hay sujeto, objeto y argumento en esta recepción del momento. El enfoque en medio de un proceso en desintegración no se queda solo en la representación de seres humanos, sino que se deja dirigir sobretodo a un fin aparente, una detonación en funcionamiento, la relación entre la acción y las partes del cuerpo indemnes, y de esta manera un desplazamiento de fuerzas.
El monje de porcelana meditativo provoca su propia destrucción; él mismo recibe su propia fuerza explosiva, él mismo es sujeto y objeto del acontecimiento.
Que la cabeza de la figura se quede intacta con una determinada expresión en la cara, en una distancia todavía con sentido sobre el cuerpo estallado y flotante, nos presenta enseguida un punto de referencia para la identificación, interpretación y clasificación del suceso destructivo. La destrucción no está indefinida y hasta un grado de conciencia abstracta (como en las imágenes de Hatakeyama
, que tampoco reflejan una critica social amenazadora – o como en las imágenes de Andersen tampoco; sin embargo son fuertemente delimitadas en términos subjetivos, una estética más narrativa y de puesta en escena) y con ello mucho menos conmovedoras que las otras fotografías mencionadas.

La tensión fascinante en estas tres fotografías distintas origina a través de esta exacta reproducción fotográfica de momentos sublimes y de sin embargo la no representabilidad de ese mismo momento.

www.jette-rudolph.de

www.lagalerie.de

www.galerie-cosar.de

Texto: Armi Lee
Traducción: Danae Diaz
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