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Santiago Sierra - CAC Málaga


"El Pasillo en la Casa del Pueblo" , Bucharest, Romania. Courtesy: CAC Málaga

Santiago Sierra sabe como levantar ampollas, como demuestra una vez más en la muestra presentada en el CAC de Málaga. Inaugurada el pasado 27 de mayo, esta exposición reúne trabajos realizados en los últimos dos años, y supone la primera individual del artista en un museo en España. Sin contemplaciones, empleando con contundencia el lenguaje minimalista, el artista continua su línea de denuncia de la explotación y alineación engendrada por el sistema económico actual. Como ya hiciera en trabajos anteriores, en los que remuneraba a personas para realizar tareas absurdas o denigrantes – como tatuarse una línea recta sobre la espalda, o recitar la guía telefónica- el artista presenta el cuerpo, el tiempo y la dignidad como mercancías pagadas a precio de mercado. De igual forma, simples bloques de cemento, muros de ladrillo, o huecos pueden convertirse en poderosas armas de denuncia y homenaje a las víctimas de este sistema – como hiciera en Véjer (Cádiz) donde se cavaron tres mil hoyos de macabras dimensiones, como un cementerio dispuesto a recibir a la ultima oleada de inmigrantes del otro lado del estrecho.

Igualmente desalentadores, los largos tubos con los que el artista llenó de monóxido de carbono la sinagoga de Stommeln hace un par de meses reciben al espectador en el CAC y le provocan la primera sacudida. Las fotografías y vídeos documentales de aquella acción, titulada 245 metros cúbicos completan parte de la estancia principal del museo. Para quien no conozca este trabajo, el artista llenó la sinagoga del mencionado municipio –actualmente, a falta de comunidad judía en la localidad, convertida en sala de exposiciones- con los gases proveniente de varios coches. Pese a la intención del artista de honrar así a las víctimas del holocausto, y del capital –puntualizaba en la descripción del trabajo-, el proyecto hubo de ser clausurado prematuramente debido a las quejas de la comunidad judía alemana.

Tildado de provocador, cuestionado por esta acción, calificada por algunos representantes judíos como de “mal gusto” e incluso “infamia”, el artista realizaba no obstante, apenas unos días más tarde el trabajo “Los Castigados”, complementario al anterior. Ejecutada en Frankfurt, en el frívolo contexto de una feria de arte, en esta obra el artista emplazaba a varios ciudadanos alemanes, todos nacidos antes de 1939, a mirar la pared durante intervalos de media hora. Más sutil que la anterior, esta pieza, también presentada en Málaga, alude igualmente al sentimiento de culpa alemán y al castigo de toda una generación por unos acontecimientos que no quisieron o no pudieron evitar. A pesar de la dureza del mensaje, el eco mediático de esta pieza, fue – sin sorpresas - mucho menor.

Continuando con la revisión de los momentos más infames de la historia reciente europea, llegamos a “Las Psicofonías”, “El pasillo de la Casa del Pueblo” y “396 mujeres”, trabajos realizados en la Casa del Pueblo de Bucarest. Construido por Ceaucescu como palacio presidencial – para lo cual, hubo de destruirse una gran extensión de la ciudad- éste es, tras el pentágono, el segundo mayor edificio levantado por la humanidad y un foco de negatividad, según indica la primera obra, habitado por los fantasmas de las víctimas del dictador. En el interior de este edificio, Santiago Sierra construyó un pasillo de 240 metros de longitud, en el que casi cuatrocientas mujeres remuneradas para ello solicitaban limosnas a los visitantes, eliminando así los límites entre trabajo y mendicidad, y aludiendo al papel desempeñado actualmente por numerosas mujeres rumanas en diversas ciudades europeas.

Completan la muestra una mini colección de joyas, en las que pueden leerse mensajes como “El tráfico de diamantes mata” y una sutil instalación que ilumina el escudo preconstitucional situado sobre la fachada del edificio. Con esta presentación de trabajos recientes, el artista parece querer resarcirse del linchamiento mediático de que fue objeto, presentando un particular análisis económico y una serie de ejercicios de memoria histórica. Denunciando la banalización e instrumentalización de ésta, el artista la emprende con la hipocresía de la sociedad del bienestar y de la corrección política, y por supuesto, no deja a nadie indiferente.

Articulo: Raúl Martínez

www.cacmalaga.org

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