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¿Qué pasa en... Sâo Paulo, la urbe de las amalgamas? de Fernando Galan


Hotel Unique, Sâo Paulo - Terraza y piscina en la cima del edificio

El entorno (físico y metafísico)

La estructura urbana de Sâo Paulo, que prácticamente no conserva nada de la ciudad original que fundaron los jesuitas españoles en 1554, condiciona y casi determina su funcionamiento sociológico y, por tanto, el artístico. Esto es habitual en la mayoría de las grandes ciudades, lo que pasa es que esa estructura “paulista” tiene unas características muy particulares. Sâo Paulo, que compite con México DF en ser la ciudad más poblada del mundo, es, en realidad, una amalgama en muchos sentidos. Amalgama de ciudades contiguas, cada una con su centro de rascacielos y sus zonas residenciales que comparte estructuralmente con la vecina. Podría decirse que es el Los Angeles de Latinoamérica. El terreno accidentado imprime mayor dramatismo a su horizonte urbano, sobre todo cuando los rascacielos ocupan lo alto de las colinas, como ocurre en su célebre Avenida Paulista. Amalgama de clases sociales, que se reflejan en los barrios de favelas y en las lujosas villas que se concentran en varias zonas céntricas. Amalgama de razas, lo que hace que sea, por ejemplo, la ciudad con una mayor colonia de japoneses fuera de Japón. Amalgama de colores, de formas escultóricas en su renombrada arquitectura moderna y contemporánea; de vegetación exuberante que pugna por instaurarse (y lo consigue) en medio de la jungla de asfalto, cemento y cristal... Amalgama de iniciativas artísticas individuales que no consiguen organizarse y coordinarse en la medida esperada y deseable... Y amalgama de cacareada inseguridad ciudadana (que nunca he sentido ni experimentado personalmente) con un carácter y hospitalidad brasileños que me parecen de los más encantadores del mundo. Amalgama, en definitiva, de muchas ciudades invisibles en medio de una de las realidades urbanas físicas más rotundas que conozco...



MAM (Museo de Arte Moderna), anuncio de la exposición anual Panorama del arte brasileño 2005 - Frase promocional: “Entre gritando yo sé lo que es el arte contemporáneo y gane un real de descuento en la entrada del MAM”

En el terreno de la creación artística también podemos seguir hablando de amalgamas: de medios y tendencias, de tradición e innovación, de crisoles de influencias “aborígenes” e internacionales, de esas influencias con las originalidades creativas propias, de poéticas y de denuncias, de conformismos continuistas y de rupturas radicales... Sâo Paulo, como Brasil entero, pero acrecentado exponencialmente por su concentración de población, es uno de los prototipos del mestizaje. Es el terreno que comparten artistas como Sebastián Salgado y Ernesto Neto, por ejemplo. El primero, caracterizado por la denuncia social desde el formato de la fotografía tradicional y el segundo por la creatividad poética intimista desde la experimentación de formas y materiales nuevos. O de Regina Silveira y Nelson Leirner, artistas veteranos que se escapan a toda etiqueta, ambos exploradores de nuevos mundos invisibles con los pies firmes sobre la realidad más tangente. Regina, desde una huida casi obsesiva de lo comercial y lo convencional, es autora de una obra que se mueve literalmente (y con sorprendente agilidad) entre las luces y las sombras, entre la solidez de la tierra firme y la ingravidez levitante del aire y de las alturas. Y Leirner, que aunque reside en Rio de Janeiro, ha desarrollado la mayoría de su trayectoria artística en esta ciudad (donde, además, radica su galería, Brito Cimino), autor de una obra que, desde la mayor tangibilidad desde el punto de vista formal, se adentra y nos adentra en lo más invisible de lo conceptual. Recordemos la obra con la que participó en la Bienal de Sâo Paulo de 2002, una estancia inmaculadamente blanca, cerrada, vacía, donde el espectador podía oír los ruidos de la pelota en un imaginario partido de tenis, que procedía alternativamente de ambos extremos y nos hacía a todos girar la cabeza hacia ellos..., hacia la no-visibilidad de lo que veíamos con la imaginación.

Sâo Paulo parece ser eso: lo que vemos, lo que nos sugiere y lo que imaginamos. Incluso en el sentido urbano más estricto, cuando suponemos la continuación de la ciudad, tanto de las favelas como de los rascacielos, más allá de las colinas y la vegetación que alcanza nuestra vista física. Los propios espacios expositivos, galerías e instituciones, están diseminados y es difícil abarcar más de tres o cuatro al día en los largos desplazamientos en taxi que requieren y en medio de un tráfico congestionado, a pesar de que la ciudad cuenta con un amplio entramado de avenidas y vías rápidas que la cruzan de lado a lado. Sâo Paulo nos engancha también porque siempre nos vamos sin haber tenido tiempo de ver y hacer todo lo que hubiéramos querido...



Regina Silveira, Proyecto UFO (2006) - Acción urbana - Cortesía de la artista; Foto: Renato Pera

Galerías

Con una población “estimada” en 12 millones para la ciudad estrictamente dicha, y en 20’5 para el Estado de Sâo Paulo (poco más extenso que la ciudad, 8.000 km2), de un total de 186 que tiene Brasil (con 8’5 millones de km2 –recordemos que toda Europa tiene 10’5 y Estados Unidos 9’6), esta ciudad concentra en ella la inmensa mayoría de la actividad artística nacional, de la creación, de galerías y de instituciones. Brasilia, la capital de nueva planta (a la que no he llegado a ir nunca, absorbido por el tiempo que requiere Sâo Paulo) se ha quedado como símbolo de la utopía brasileña, maltratada por los avatares políticos, económicos y sociales que han sacudido al país durante décadas. Todas las galerías que se conocen por su activa presencia en las citas internacionales y por representar a los artistas mundialmente conocidos están aquí. Eso sí, cada una alejada de las demás, sin que exista una especie de barrio del arte como es habitual en la mayoría de las grandes ciudades del mundo. Estoy hablando de Fortes Vilaça, ubicada en un llamativo cubo blanco del barrio de Vila Madalena; Brito Cimino, con su amplio y funcional espacio de Vila Olimpia; Vermelho, una de las más jóvenes y que se está labrando renombre por la calidad y rigor de su programación, con una arquitectura “discretamente llamativa” que combina espacios cerrados y abiertos en el barrio de Higienópolis; la veterana Luisa Strina, al lado de la Avenida Paulista; Casa Triángulo, con su nueva ubicación en Itaim; Nora Roesler, también con un amplio espacio en Jardim Europa ...

Instituciones

En cuanto a las instituciones, la mas dinámica y con programación más contemporánea e internacional es la Pinacoteca del Estado de Sâo Paulo, museo estatal con buena colección histórica del arte brasileño y dos sedes ubicadas al lado de la estación de trenes (Estaçao da Luz). También el Paço das Artes, centro estatal situado en la entada del campus de la Universidade de Sâo Paulo y con excelentes programas del arte mas joven y radical, junto a otros de formación y práctica para jóvenes comisarios. De titularidad municipal, el Centro Cultural Sâo Paulo es muy dinámico en muchos campos, pero especialmente en las artes visuales: además de su colección, expone a las más nuevas generaciones de artistas de São Paulo.

Entre las instituciones privadas, el MAM (Museu de Arte Moderna) es una extensión del emblemático edificio de la Bienal, situado en el Parque de Ibirapuera. Fiel a su nombre, su programación abarca tanto arte moderno como contemporáneo, que incluye lo más actual y experimental, como sus muestras anuales Panorama del Arte Brasileño, en las que presenta lo mas significativo del arte nacional. El MASP (Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand), presume de tener “la colección más importante del hemisferio sur”, con obras de Rafael, Velázquez, Goya, Monet, Van Gogh y otros muchos clásicos. Tiene una buena colección de fotografía moderna y contemporánea brasileña, la Pirelli-MASP. Pero hace años que está a la deriva: “sufrió” una polémica reforma arquitectónica y, sin dirección cualificada, navega alejado de las mejores áreas de producción artística contemporánea, nacional e internacional y ha perdido el prestigio que tuvo. Y el Instituto Tomie Ohtake, instalado en un edificio posmoderno inaugurado hace pocos años y dedicado a la obra de la artista de origen japonés. Tiene un programa mixto de arte contemporáneo brasileño e internacional, de carácter histórico, y un dinámico programa de publicaciones, cursos y de educación para docentes.



Hotel Unique, Sâo Paulo - General view; Courtesy of Hotel Unique

Dos bancos lideran el compromiso cultural con la sociedad que los enriquece: Banco do Brasil e Itaú. Éste último (www.itaucultural.org.br), con sus tres plantas de exposición en la Avenida Paulista, apuesta decididamente por lo más contemporáneo y es una visita obligada para conocer lo más actual de la creación nacional. Sus programas Rumos y Panorama de arte y tecnología de Brasil (www.itaucultural.org.br/paradoxosbrasil) son buena muestra de ello. Compuesto por múltiples departamentos, además de exposiciones, organiza simposios, publicaciones, cursos, espectáculos de muchos tipos y cuenta con colección propia. La actividad cultural del Banco do Brasil www.bb.com.br/cultura tiene un eslogan significativo, El arte pasa por aquí, aunque sus exposiciones sean más eclécticas y vayan desde la arqueología a lo contemporáneo. Su edificio, interesante obra de Ernesto Pujol, cuenta con salas de exposiciones, cine, auditorio y teatro.

La Universidad de São Paulo-USP alberga el MAC (Museu de Arte Contemporáneo), cuya historia, desde mediados de los años sesenta, se mezcla con el mejor y mas radical arte brasileño. Tuvo gran prestigio hasta años recientes, cuando administraciones mas académicas que profesionales lo alejaron del mejor circuito nacional y internacional. Cuenta con una buena colección de arte brasileño y extranjero, cuyo origen fue la donación de Matarazzo en los años cincuenta. De la USP depende también el Centro Universitario María Antonia, que se autodefine como “centro para la discusión y nuevas experiencias en el campo de la cultura, el arte y los derechos humanos”. Su programación también es fiel a esa vocación ambiciosa por la amalgama de actividades: exposiciones, aulas, teatro (con espacio estable), conciertos, cursos, seminarios, conferencias... En los últimos años ha hecho magníficas exposiciones de poesía visual, que es una de las tradiciones mas fuertes y originales de Brasil.

No hay que dejar de citar el Fórum Permanente, iniciativa de debate en torno a la misión y funcionamiento de los museos en nuestros días que, aunque surgió con dimensión nacional (octubre de 2003), ha logrado incorporar ya a numerosos profesionales del sector en todo el mundo. Partió de la consideración de que el sector artístico brasileño sufre un “contexto institucional muy inestable”. Ni a su feria de arte, SParte, iniciativa privada de Fernanda Feitosa que acaba de celebrar su segunda edición. En un país con una tradición y potencial artísticos como Brasil sorprende que no hubiera surgido antes. Ubicada en el espléndido edificio de la Bienal (Ibirapuera), y conociendo los criterios de su directora, es una feria con un futuro muy prometedor.

Junto al sistema de museos y galerías, el Mapa das Artes, folleto de distribución gratuita, página siempre actualizada), informa bimestralmente sobre todo lo que ocurre en la escena artística de Sâo Paulo.


La bienal

Sâo Paulo saltó a la escena artística internacional por su Bienal, la más veterana del mundo después de la de Venecia, con primera edición en 1951 y que es de las que más expectación provocan. Precisamente, el 8 de octubre próximo se inaugurará su edición número 27, con Lisette Lagnado como comisaria y bajo el lema Cómo vivir juntos. El evento, que estará abierto hasta el 17 de diciembre, incluye este año el proyecto de que 10 artistas extranjeros hagan obras específicas “inspiradas en la geografía política y humana de Brasil”. Estarán alojados como residentes en las ciudades de Sâo Paulo, Rio Branco y Recife, y en el momento de escribir este artículo habían llegado ya Lara Almárcegui (España) y Francesco Jodice (Italia).


Arquitectura

No podemos hablar de Sâo Paulo sin hablar de su arquitectura, vigorosa e imaginativa como el “potencial” económico y humano que tiene el país. Además del célebre edificio de la Bienal, obra emblemática de Oscar Niemeyer y Hélio Uchôa, destaca el MASP, con su arquitectura futurista para la época. Concebida por la arquitecta italiana Lina Bo, su audacia técnica (es un paralelepípedo sustentado por cuatro pilares en sus extremos, con un vano de 74 metros entre ellos) hizo que su construcción llevara 12 años, de 1956 a 1968. Pero hay una obra absolutamente representativa de la imaginación y audacia que caracteriza al sector creativo de la ciudad, el hotel Unique, recientemente inaugurado. El proyecto arquitectónico es de Ruy Othake; la decoración, de Joâo Armentano; el paisajismo, de Gilberto Elkis; y la creatividad gastronómica, de Emmanuel Bassoleil. Situado al lado del parque de Ibirapuera, Othake partió del concepto de Arte Público para su diseño. El despliegue de las botellas del bar situado en el vestíbulo, que se eleva hasta los seis metros de altura que tiene, puede considerarse una instalación artística por sí solo. Y su terraza me parece el mejor mirador para que nuestra mirada logre captar en unos instantes tanto las amalgamas físicas de esta ciudad como las metafísicas. Especialmente por la noche, es una de las visiones urbanas más estéticas e impresionantes que conozco en todo el mundo.

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