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art.es n° 16: ¿Qué pasa en... Seúl?


Por Fernando Galán

Poco conocida aún en Occidente, eclipsada durante siglos por la omnipresencia históricamente belicosa y expansionista de sus tres vecinos (China, Japón y Rusia), la pacífica Corea está viviendo una época de espectacular desarrollo (también en el arte), cuyo motor principal es el entusiasmo colectivo de sus ciudadanos, conscientes del papel protagonista que están ejerciendo en Extremo Oriente y en todo el mundo, y cuyo pistoletazo de salida cabe situar en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988. El caso me recuerda la pasada década de los ochenta en España (los de la movida), cuando sabíamos que 'hace más el que quiere que el que puede'. Y Corea, ahora, puede y quiere.

Con sus 14 millones de habitantes (un tercio de la población del país), Seúl es, en realidad, dos ciudades en términos geográficos y sociológicos, separadas por el caudaloso río Han: la ciudad de siempre, aunque modernizada en extremo y con pocos vestigios del pasado, al Norte; y al sur la Seúl de nueva planta, creada en los últimos treinta años pero tan extensa ya como la primera y de una arquitectura sorprendente, vanguardista, escultórica y ciclópea. Y Seúl es muchas ciudades si hablamos de aspectos conceptuales, fisonómicos, urbanísticos, estéticos y de diferencias generacionales. La juventud rinde culto a la cultura de los centros comerciales subterráneos y de la comida rápida, precisamente en un país en el que la naturaleza es privilegiada (también en Seúl) y la comida tradicional es un ritual vertebrador de relajadas e intensas relaciones interpersonales.




Este rapidísimo y acelerado desarrollo está demoliendo muchas cosas, no sólo los barrios de arquitectura tradicional para levantar en su sitio rascacielos espectaculares de cristal y acero, sino también idiosincrasias y costumbres. Y son los artistas, lógicamente, los que parecen más sensibles a los riesgos de esta metamorfosis forzada y un poco contra natura, porque en la creación coreana se aprecia más que en cualquier otro país de Extremo Oriente (al menos en mi experiencia personal) una hibridación y un equilibrio muy interesantes entre tradición y contemporaneidad, tanto formal como conceptual. En Japón, por ejemplo, el arte es más radical y refleja las profundas tensiones generacionales y temperamentales de su población, siguiendo más bien la vía de la revolución. Por su parte, el arte chino actual refleja, lógica e inevitablemente, las tensiones políticas del país y el colectivo estrés que provoca su acelerado y atípico desarrollo económico, (político?), sociológico y cultural.

Pero en Seúl, donde se concentra la mayor parte de la actividad artística coreana y donde se producen cambios revolucionarios en muchas cosas, el arte adopta más bien la senda de la evolución. Es el caso de Do-Ho Suh, que tiende puentes con especial delicadeza coreana entre su cultura natal y la de los Estados Unidos, donde vive y trabaja desde hace tiempo. Desde una óptica Occidental más que probablemente abusiva (pero sirva para entendernos), se podría decir que Seúl, como conjunto y exceptuadas algunas individualidades, ha pasado de la Edad Media (continuadora de su tradición secular) a la Contemporánea en pocas décadas. Lo mismo que ocurriera anteriormente en Japón y que también está pasando ahora en China. Y lo peculiar es esa vía de la evolución que ha elegido, sin armar ruido y casi de puntillas, rehuyendo todo aspaviento revolucionario. El caso de Nam June Paik, que no rompió violentamente con el pasado en sus inicios y que ya en los años sesenta jugaba como delantero en el equipo de la revolución Fluxus, influyó y estimuló a sus compatriotas, sin duda, pero de forma lenta y tamizada, ya que había fichado por el club de Nueva York y su juego tardó en difundirse en su país natal.

Este reciente arribo a los puertos de la contemporaneidad se nota en su tejido artístico (la infraestructura de galerías y museos y las políticas que rigen los modos y maneras en general), que está aún en formación, aunque sus células muestran una especial hiperactividad, como si de un (ultrabenigno) cáncer se tratara. La mayor parte de la iniciativa surge del sector privado, como los museos Leeum, Kumho y Sung Kok, mientras que los públicos de importancia se reducen a dos, ambos en Seúl: el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, con unos considerables fondos, y el Metropolitano de Arte, que está empezando su colección.

El Leeum, o Museo Samsung, se inauguró hace sólo dos años y su curioso nombre (síncope de Lee Museum) procede del fundador de esta poderosa compañía, el señor Lee. Casi diría que su visita merece un viaje al otro lado del mundo. Consta de tres magníficos edificios, obras de los arquitectos Mario Botta, Jean Nouvel y Rem Koolhaas. El del primero, con un espectacular cono invertido que se clava en la ladera de la colina, reúne lo que fue el origen de la vocación de la familia Samsung, una exquisita y formidable colección de arte antiguo coreano: cerámica, pintura, caligrafía y metal. Lo emblemático de las piezas y la refinada museografía con que están expuestas nos hacen creer que en una hora llegamos a conocer bien la evolución de toda la cultura coreana, desde la Prehistoria a los principios del siglo XX. El edificio de Koolhaas, transparente en todos los sentidos, acoge uno de los principales objetivos del Leeum, el Centro de Educación Infantil, y la azotea de una de sus partes alberga un jardín que combina la estética zen con una espectacular escultura de Calder. La sobria construcción de Nouvel es la que despliega la colección de arte contemporáneo: breve y muy buena; o sea: doblemente buena. En ella destacan algunas de las mejores obras de Rothko, Hirst, Beuys y Barney. Y entre los coreanos, Paik, Kim Whan-Ki y Park Soo-Keun. Del carácter exclusivo del Leeum en su conjunto (como del funcionamiento en general del arte en Seúl) es buen síntoma que no es visitable sin cita previa de dos semanas y sólo lo es para "grupos" de cuatro personas como máximo.

Son muchos los artistas que hacen hablar a la tradicional técnica nacional del papel con lenguajes absolutamente contemporáneos. Como Sup Ham, que recicla los residuos de papel viejo, "amasándolos" con energía hasta obtener las pastas de celulosa dura y multicolor con que ejecuta sus "cuadros". Por paralelismo con las acciones de Pollock con sus veladuras e impastos, viendo el aparente automatismo físico y síquico con que trabaja Ham pensé que estaba frente al creador de la "action papering". Cuando las obras de Sunwon Lee están terminadas parece que hubieran sufrido un proceso inverso de desgaste y erosión: son como pequeños restos de una primitiva y endeble tienda de campaña hecha con armazón de finas ramas y cubierta de papel a la que el viento hubiera devastado y hecho jirones y añicos. Los cuadros de SEO sorprenden cuando, al acercarse, uno descubre que lo que parecía pintura es "collage" de papeles multicolores. Jai-Kwan Kim usa el acrílico para simular tridimensionales figuras geométricas de papel sobre el lienzo. Y las mundialmente famosas agregaciones de Kwang-Young Chun, esas pequeñas y (en este caso) verdaderas figuritas geométricas de papel, dispuestas sobre un panel de forma que representan tanto abstracciones como enigmáticas e inquietantes figuraciones.





En cuanto a los que trabajan otras técnicas, es destacable la tecnología mágica de Kyung Ho Lee; los óleos de Chang-Young Kim, pintados sobre aglomerado de arena y que parecen arena real en vez de pintura; las fotografías de Hyejin Chung; y la obra de Soo Koo Shim, difícil de clasificar y uno de los mejores paradigmas de esa hibridación coreana entre tradición y contemporaneidad, simbiosis de cuadro e instalación (de pared y de suelo) y hecha con miles de tronquitos de ramitas de los arbustos que él mismo cultiva en su granja-estudio del campo. So-Young Choi se ha hecho célebre por sus composiciones figurativas hechas con trozos de tela vaquera.

El funcionamiento de las galerías es, en general, muy diferente al que se practica en Occidente: algunas de las más importantes no tienen una programación continuada, sino que actúan como "marchantes" de arte de forma permanente mientras que muestran sólo algunas exposiciones al año, funcionando como si fueran pequeños museos privados que exponen (y venden) sus fondos todo el tiempo, eso sí. Es el caso de la galería Bhak, con su gran espacio de tres plantas en el barrio más "chik" de Seúl Sur. En él se encuentra también la nueva galería The Columns, propiedad de Dong Jo Chang, uno de los pioneros de la ciudad en trabajar con la creación más contemporánea e internacional y ejemplarmente activo en su apertura al mundo entero. Sobrado de imaginación e iniciativa, Dong Jo fue promotor y director de proyectos de arte público en el metro de Seúl, como el titulado Wow, en el que, durante cinco meses, 700.00 personas viajaron en un tren subterráneo cargado de arte tecnológico, la verdadera pasión de Chang.. Las otras galerías de más prestigio e interés en la ciudad son Hyundai (visible en ferias internacionales), Baiksong, PYO, Cais, pkm (muy centrada en fotografía), Mee, Yeh y Sejul,

Pero la plataforma de lanzamiento internacional más entusiasta y prometedora es su feria de arte, KIAF, que ha celebrado en mayo pasado su quinta edición. Organizada por la Asociación de Galerías de Corea, ha contado con la participación de 150 galerías de 13 países y cuatro continentes, en su mayoría nacionales, japonesas y chinas, pero también con la ya tradicional presencia de otras de Alemania, Francia y España. La feria incluye una exposición comisariada que se dedica a un país "invitado". En 2005 lo fue Alemania, este año le tocó su turno a Francia y el próximo será España. Esta exposición tiene la peculiaridad de ser en realidad mixta: un diálogo entre artistas coreanos y del país invitado. La de este año se tituló París-Seúl. Aunque el coleccionismo local se centra en su predilección por los artistas nacionales, la feria está haciendo una gran labor por dar a conocer nombres europeos dentro del país y la mayoría de las galerías extranjeras están repitiendo su participación. Dentro de ese ansia ostensible de la ciudad (como del país entero) por salvar las distancias geográficas para acercarse a Europa y América (y por acercar Europa y América a ella), KIAF invierte una gran dosis de trabajo y de recursos económicos en su programa "vip" y de coleccionistas.

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