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Arte al Limite - Marco Lamoyi: Apología a la pintura


El pintor mexicano se instala en el circuito de arte internacional seduciendo con la intensidad y pureza de su "pintura de pintura". Tangible, resbalosa, resistente, y de apariencia cremosa, la pintura de Lamoyi es la inmortalización de la materia transformada en producto plástico.
El 2007 vislumbra una apretada agenda expositiva para este multifacético artista: MiArt, en Milán; SOFA, New York; y por segundo año consecutivo, ArtCologne. Además el artista se presentará por primera vez en Chile, en la Galería Matthei durante mayo.

Por Carolina Bravo
Periodista


Marco Lamoyi (1957) es un artista multidisciplinario que se mueve entre la pintura abstracta matérica, el arte objeto y la fotografía monumental. Es un buen exponente de la máxima que rezaba Andy Warhol en los años sesenta: "Hay que ser un expresionista abstracto por la mañana, un hiperrealista por la tarde y un conceptual por la noche".
Para Lamoyi, pintura, fotografía e instalaciones, forman parte de un menú abierto de posibilidades al servicio de todo aquel que desee manifestar una idea. "Sin duda que desde el Renacimiento los artistas tenían este enfoque, podemos citar el caso de Leonardo Da Vinci. Sin embargo, con el correr del tiempo, las reglas del mercado impusieron al artista la norma de dedicar su producción en los límites de un género u otro, delimitando así los territorios comerciales dentro de la producción artística", afirma.
Al observar la variada producción de Marco Lamoyi, aparentemente pareciera no tener unidad estilística. Aunque él tiene una visión muy particular del estilo, que nada tiene que ver con los cánones del mundo del arte. "Desde siempre me pareció que el estilo de un artista dependía más de su mercado que de su necesidad de expresión; o bien, en muchas ocasiones, era el resultado de sus limitaciones intelectuales, minimizadas por la práctica misma o los hábitos enquistados. Debido a esta postura teórica, he podido hacer uso de las técnicas de la pintura libremente. Así es posible encontrar que durante varios años mi producción fue un trabajo acucioso, de un gran realismo", dice.




Pintura hecha escultura
En su trayectoria de más de 20 años, su inquietud lo ha llevado a descubrir nuevos medios de lenguaje que se adecuen a sus necesidades expresivas. En este recorrido es que llegó a imponer el pigmento como protagonista de su obra. Su pintura se concentra exclusivamente en evaluar los resultados de la intervención ejercida sobre el material y la acumulación de éste -el óleo- hasta lograr alcanzar un volumen que sobrepasa los 15 centímetros de espesor. Eso es lo que vemos en su serie "Uussshhh", título que tan solo intenta reproducir el sonido del viento.
En estas obras, el pintor explora el color y la consistencia del óleo en profundidad. Aquí la textura es un componente clave, porque Lamoyi deposita el óleo sobre la tela con una combinación de cuidado y espontaneidad que hace pensar en una especie de pincelada gigante. El proceso de manufactura requiere de mucha paciencia. Su secado es largo. Seis meses deberán pasar para que las pinturas abandonen su posición horizontal para pasar a su siguiente estado y ser colgadas en un muro. El peso de la pintura fresca es tal, que su consistencia haría que se derramara sobre el suelo, si este proceso de secado fuese interrumpido.
Esta propuesta es un homenaje al material que hace posible la práctica del pintor: "La pintura antes de convertirse en la víctima de las vanguardias del siglo XX, favoreció la creación de propuestas ingeniosas que renunciaban al tradicional discurso de la bidimensionalidad de la imagen; tendencias que desde hace más de dos décadas han consolidado su presencia en las artes visuales como modos artísticos más dinámicos y críticos. El artista de hoy, ha desgastado la relación que durante siglos mantuvo con la práctica de la pintura y, por lo tanto, es en la actualidad incapaz de satisfacer sus deseos sensoriales o sociales. Así pues, condenados a vivir en el reflujo de las siempre presentes imposiciones culturales del mercado o la tan mencionada globalización del arte, pretendemos ahora ignorar la naturaleza del lenguaje pictórico y sus límites", puntualiza.

La magia de la polaroid
Otro de los caminos de exploración de Lamoyi es la fotografía. Su última producción fotográfica es "Kassita Kit", una foto-instalación que narra, del amanecer al anochecer, la vida de una ciudad de población media, su entorno urbano y rural, sus costumbres y adecuaciones comerciales a las propuestas de la globalización. Recorrido en el que presenta una franja de estudio de nueve ciudades entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador.




Sus primeros pasos en este formato los dio en Tabasco, su tierra natal. Una región de clima tropical donde el sol azota con fuerza. Su infancia transcurre en Villahermosa, una zona muy aislada donde no existía señal televisiva constante, lo que convertía a la radio local en el medio de comunicación por excelencia.
Este es el escenario donde comienza a aflorar el artista. De niño, Marco solía pasar las noches junto a sus hermanos alrededor de una fogata contando historias de fantasmas y, de vez en cuando, se deleitaban con las imágenes de las pinturas que caían en sus manos. Así fue como con el tiempo conoció a los grandes maestros del Renacimiento y el Barroco: "En esta escuela propiciada por la naturaleza de nuestro entorno geográfico, el gusto por la imagen se me dio como algo natural y de ahí nació mi deseo por construirlas", comenta.
En 1975 ingresa a estudiar Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura "La Esmeralda" y más tarde inicia estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México. A partir de este momento comienza su carrera que incluye más de una decena de exposiciones individuales y unas 150 exposiciones colectivas en diversos países, como Italia, Alemania, Francia, Japón, Estados Unidos, Canadá y Cuba.
En 1993 establece su residencia en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Desde esa fecha y hasta el día de hoy, distribuye parte de su tiempo entre las ciudades de Nueva York, París y Venecia. En esta última permaneció gran parte del año pasado, dedicado por completo a concluir una colección de esculturas de cristal de Murano en los talleres de Adriano Berengo, las cuales ha presentado en diferentes lugares a través de la organización Adriano Berengo Fine Arts.

www.arteallimite.cl

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