art.es: ¿Qué pasa en... Puerto Rico? | |

Por Fernando Galán
¿Una nueva feria de arte en el Caribe? La idea parecía original y sustentada en dos sólidos motivos: la tradición artística de la zona y sus circunstancias lúdicas, que, como sabemos, vienen demostrando ser un factor muy importante en el éxito comercial de las ferias hoy en día. Además de la confianza que merecían quienes impulsaban el proyecto. Pero cuando me invitaron a participar en la primera edición de CIRCA, el año pasado, ya tenía mi agenda ferial demasiado llena y las fechas coincidían con las de arteBA(Buenos Aires) y KIAF (Corea). Sin embargo, este año, además de adelantarse a principios de abril y no coincidir con ninguna otra feria (cosa rara en los feriales tiempos que corren), ya tenía previsto muy de antemano venir a ella con esta revista.
Es la primera vez que estoy en Puerto Rico y me produce la misma sensación que las visitas que he hecho a Cuba: me parece no haber salido de territorio español. María Reina de la Puebla, que fue a recogerme al aeropuerto en nombre de CIRCA, me dijo muchas cosas en mis primeros minutos en la isla, pero hay una que recuerdo en especial: "Siempre hemos sido una colonia, desde hace 500 años, así que no sabemos lo que es ser un país independiente. Lo fuimos de España durante 400 años y ahora lo somos de Estados Unidos". Pero, al contrario que en otras torpezas históricas, Estados Unidos ha sabido mantener en este caso un estatuto muy especial para Puerto Rico: el de Estado Libre Asociado, con un Gobernador al frente de su Administración que es elegido por sufragio universal, lo que no impide que los isleños tengan la sensación de seguir siendo una colonia. Puerto Rico parece estar predestinado a ser "especial", porque ya en 1809 fue emancipada de su colonial condición y proclamada provincia española de ultramar (como lo son las Islas Canarias, por ejemplo): cuando Napoleón ocupó España e impuso en su trono a su hermano José Bonaparte todas las colonias americanas aprovecharon la coyuntura para independizarse, excepto Puerto Rico, que se mantuvo leal al rey Carlos IV, por lo que fue recompensada con ese estatuto de provincia.
Visto con la presunta objetividad del exterior, me parece que Puerto Rico mantiene sus señas de identidad, basadas en una hibridación secular, muy independientes y sin particular contaminación del supuesto colonialismo: muchos puertorriqueños no saben hablar inglés y su producción artística (dentro de la globalización generalizada de nuestro mundo actual) tampoco parece especialmente afectada por las tendencias imperantes en el territorio continental. Al contrario, los intereses y los lenguajes de sus artistas me parecen más afines a los que podemos encontrar en la creación de otros países latinos como Brasil y Cuba, por ejemplo. El carácter caribeño parece ser indómito y dotado de una fuerte personalidad propia. De tal forma es así que de los cuatro millones y medio de puertorriqueños o descendientes de puertorriqueños que residen en Estados Unidos un millón vive en Nueva York y sus proximidades, lo que ha dado origen a un término específico para ser designados dentro de esa inmensa Torre de Babel que es la Gran Manzana: "nuyoricans" ("newyoricans"), sinónimo también de signos y costumbres propios de lo que un antropólogo llamaría una subcultura urbana, y que ya quedaron reflejados en la película Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955). El Movimiento Nuyorican de Nueva York engloba innovadoras tendencias artísticas de múltiples campos (poesía, música, artes plásticas, hip hop, cine, teatro...) y tiene su cuartel general desde 1975 en el mítico Nuyorican Poets Cafe (www.nuyorican.org).
La población del país (llamémoslo así aunque sólo sea por cuestiones prácticas, en vez de Estado Libre Asociado) es de cuatro millones, por lo que la diáspora de puertorriqueños en el "exilio" es una de las más elevadas del mundo en términos porcentuales. Recuerda un poco al caso de los judíos, conservadores también a ultranza de sus señas de identidad propias. Teniendo esto en cuenta, junto al hecho de que la isla tiene sólo 9.000 km2, una de las primeras reflexiones que me produjo el descubrimiento "in situ" de su tejido artístico es que posee una de las mayores densidades que conozco en el mundo de coleccionistas de arte. En tan sólo dos ediciones, Roberto Nieves, director y "propietario" de CIRCA, ha conseguido articular una estrecha y entusiasta colaboración con estos coleccionistas, lo que nos permitió a los invitados desayunar y cenar en las casas de cinco de ellos, cuyas colecciones pudimos disfrutar con deleite y distensión: las de Diana y Moisés Berezdivin, Alberto de la Cruz (hijo de los conocidos coleccionistas de Miami Rosa y Carlos de la Cruz), Chilo Andreu, Pedrín Muñoz Marín y la de Mari Olga y Ramón Lugo. En general, las colecciones puertorriqueñas son muy internacionales (la última de las citadas, por ejemplo, se especializa en pintura alemana), lo que demuestra un talante muy abierto que rehuye caer en localismos empobrecedores.
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Ixone Sádaba, Phlegmone I (2004) |
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