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art.es: ¿Qué pasa en... Lisboa, la última ciudad romántica de Europa?


Katharina Grosse, Some Atlas, cortesía de Filomena Soares

por Fernando Galán


Mucho más antigua que Roma, protagonista de descubrimientos geográficos y capital de un vasto imperio desde el siglo XV, Lisboa se habituó a ser el punto de encuentro de diversas culturas, el primer lugar donde Oriente, las Indias, África y América se encontraron, se descubrieron y coexistieron.

Inmortalizada como la ciudad blanca por la película homónima, del cineasta suizo Alain Tanner (Dans la ville blanche, 1.983), la luz y los colores de Lisboa son enigmáticos (como lo es la ciudad entera), camaleónicos, casi inaprensibles... Son una infinita gama de blancos y grises, cambiantes como los reflejos del sol y las nubes en el omnipresente estuario del río Tajo, por cuyas colinas del lado norte se desparrama la ciudad, perezosa y vital al mismo tiempo, ordenada y anárquica, nueva y arcaica... En ese río, y en ese mar Atlántico que se mezcla con el río, Lisboa aprendió a imaginar de todo, desde los auténticos fados que aún se cantan en algunas pequeñas y familiares casas de comidas del barrio de Alfama hasta las tierras lejanas que el espíritu marítimo portugués plasmó en un imperio colonial presente en cuatro continentes.

Para el premio Nobel lisboeta José Saramago, Lisboa huele a podrido pero el alma se salva de lo fétido gracias al incensario y al incienso. Lisboa, ciudad esencialmente inspiradora, es musa esencial de su creación literaria: "he extraído mil historias de las esquinas, los azulejos y los olores de cada calle, pero las más frecuentes son las que implican al poeta Fernando Pessoa". Y hablar de las calles tortuosas de Lisboa es hablar de uno de los patrimonios arquitectónicos más valiosos que conozco en todo el mundo. Tanto la arquitectura popular como la nobiliaria son especiales en esta ciudad, como tantas otras cosas, sobre todo la popular, propia a la vez de un pueblo y de una ciudad cosmopolita, y cuya pérdida observo de año en año. La política de los sucesivos gobiernos locales para preservarla viene fracasando estrepitosamente: la especulación inmobiliaria ha arrasado en los últimos años cientos de casas irrepetibles en su arcaica y humana sencillez. La de Almeida Garrett, demolida en agosto de 2006, fue una de las víctimas recientes de la furia constructora y erróneamente entendida como modernizadora.

Las atractivas contradicciones de Lisboa, la capital más occidental de Europa y la "ciudad-metáfora" de Pessoa, incluyen su peculiar idiosincrasia que resulta de una extraña mezcla: una mirada tradicional hacia el futuro y los horizontes y una particular introspección melancólica.


Feria Arte Lisboa

La feria Arte Lisboa acaba de celebrar su 7ª edición del 7 al 12 de noviembre. Aunque sus expositores suelen circunscribirse a galerías nacionales, españolas y brasileñas, es una gran ocasión para apreciar la creación portuguesa, que siempre me ha parecido de un nivel excepcional para un país que sólo tiene 11 millones de habitantes. Conozco muchas ferias (he asistido a 21 este año), pero ninguna otra tiene un montaje de la calidad de ésta. Además, la amplitud de sus espacios y la ausencia de esas masas de visitantes curiosos y "domingueros" que tanto entorpecen la visión de las obras de arte en otras ferias permiten una visita relajada y profesional.

Rui Calçada Bastos, Self-portrait while thinking (2007), cortesía de Vera Cortês Agência de Arte (Lisboa)

La edición de este año introdujo por primera vez un programa de "project rooms", comisariado por Isabel Carlos (comisaria de la Bienal de Sydney de 2004), en el que destacaron las propuestas del joven Rui Calçada Bastos (vídeo y dibujo) y de António Melo (pintura). Dirigida por Ivânia Gallo desde hace dos años, la feria parece dispuesta a explotar todo el potencial de sus circunstancias, que es mucho y del que parecía no ser consciente en ediciones anteriores. Hay un dato añadido que avala esta perspectiva: en 2005 Lisboa fue considerada por la International Congress & Convention Association como la octava ciudad del mundo más buscada para la realización de eventos y congresos internacionales.


Museos e instituciones

Antes que nada, debemos recordar que en todo Portugal no hubo una institución de carácter museológico (con colección estable, pública o privada) centrada en el arte contemporáneo hasta 1983, cuando abrió el Centro de Arte de la Fundación Gulbenkian (la sexta más rica de Europa, creada en 1956 y con sede en Lisboa). Y hubo que esperar diez años más para la aparición en escena del Centro Cultural de Belém y Culturgest. Aunque no recuerdo los datos exactos, Portugal no contó con un Ministerio de Cultura hasta hace unos 12 ó 15 años: su misión la venía cumpliendo ejemplarmente la Gulbenkian.

El Museo del Chiado (museo nacional) es el centro de arte contemporáneo por excelencia de Lisboa. Dirigido por el dinámico Pedro Lapa, ocupa un amplio y antiguo edificio cuya reforma para fines museísticos deja en evidencia algunas limitaciones espaciales. Pero su programación lo eleva a la consideración de buque insignia de la contemporaneidad portuguesa (junto con la Fundación Serralves en Oporto), como hacen patente sus actuales exposiciones: Anri Sala (Long Sorrow) y Centre Pompidou, Novos Media, una excelente selección de los excelentes fondos de vídeo con que cuenta este centro parisino.

La labor del sector bancario se viene traduciendo en la existencia de Culturgest (con magníficas salas en Lisboa y Oporto), iniciativa de la Caixa Geral de Depósitos, y en la colección de fotografía del Banco Espirito Santo. En Lisboa, como en todo Portugal, quien tira del carro es sobre todo la iniciativa privada. En este sentido, causó gran revuelo la "reconversión" del Centro Cultural de Belém en sede de la colección de José Berardo, el principal coleccionista privado del país: en junio pasado se abrió el Museo Berardo de Arte Moderno y Contemporáneo, con fondos de 900 obras internacionales que van desde principios del siglo XX hasta nuestros días.

La ebullición de las iniciativas museológicas para el arte contemporáneo en Lisboa y en el resto del país parece querer recuperar el tiempo perdido de otros tiempos... Aunque situada en la región del Alentejo (Ponte de Sor), la Fundación Prates, inaugurada en julio pasado, es una iniciativa de este veterano galerista lisboeta que agrupa 3.000 obras originales y 5.000 múltiples. La fundación consta de cinco salas de exposición, biblioteca, ocho talleres para residencia de artistas, auditorio, anfiteatro y "jardines móviles".



Cecília Costa, Sin título (2007), cortesía de Galeria Pedro Oliveira (Oporto)

Galerías

En cuanto a las galerías privadas, tradicionalmente fue Oporto la capital galerística de Portugal, pero desde hace siete u ocho años Lisboa parece haber querido reivindicar su capitalidad también en este terreno. Cuando la galería Cesar cambió su nombre por el de Filomena Soares se produjo un antes y un después en la escena de las galerías lisboetas. El espacio nuevo con el que inauguró su nuevo nombre es uno de los mejores que conozco en todo el mundo, y en todos los sentidos. La audacia de alejarse del centro de la ciudad y habilitar dos grandes naves en desuso de la deprimida zona portuaria le han permitido estar a la altura de la programación con grandes nombres internacionales (portugueses incluidos) que inició en su nueva etapa.

La galería Carlos Carvalho también acometió una gran renovación espacial hace poco, como lo hizo António Prates, cuando se trasladó del tradicional y angosto barrio de San Bento a las proximidades amplias de la plaza del Marqués de Pombal. Fernando Santos y Cuadrado Azul, dos de las galerías más importantes del Oporto de toda la vida, acaban de abrir nuevo y moderno espacio en Lisboa, siguiendo la tendencia de ese gradual desplazamiento del poderío galerístico hacia la capital del país. Jorge Shirley, que tenía galería en ambas ciudades, decidió cerrar la de Oporto y concentrarse en la de Lisboa. Aquí no ocurre como en la mayoría de las ciudades del mundo: no hay zonas de concentración de salas comerciales, sino que el carácter más bien individualista de su población se traduce también en esta dispersión geográfica de las galerías.

Es recomendable la visita a estas otras: 111, Arte Periférica, Diferença (una cooperativa fundada en 1979), Lisboa 20, Luis Serpa, Monumental, Novo Século, Módulo, Presença, Graça Brandâo y Pedro Cera.

www.art-es.es

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