Art Cologne 08: Conversación con Hilario Galguera | |

Llevo un par de años oyendo hablar de la Galería Hilario Galguera allá donde voy, y viéndola en la mayoría de ferias que he visitado ultimamente. Siempre me he preguntado, cuál será la historia de esta galería en cuyas paredes cuelgan cuadros de Damien Hirst, cuál será la historia de su director?
La trayectoria de la Galería Hilario Galguera es de película. Desde 1990, este arquitecto mexicano formó parte del equipo de curadores de la prestigiosa Ace Gallery. Después, en 1997 abrió su propia delegación de la firma Ace en Latinoamérica, que cerró tras tres años de actividad. Ya en Febrero de 2006 vuelve a abrir un nuevo espacio, esta vez con su propia marca (su nombre), inaugurando la galería con una exposición de ni más ni menos que Damien Hirst, en lo que fue la primera muestra individual del Turner Prize en Latinoamérica. Desde entonces el ascenso vertiginoso de la galería y el reconocimiento obtenido en estos dos años la sitúan como referente mundial. Hablamos de todo lo acontecido en este corto lapso de tiempo con la figura y el nombre visible del éxito, Hilario Galguera.
AfN: Usted ha sido parte del equipo de la Ace Gallery y el responsable de la delegación mexicana de la marca Ace desde 1997 a 2000. ¿Cómo llegó a Ace?
Hilario Galguera: Llegué en 1990 y empecé a plantear proyectos a realizar entre todos, de los cuales el más notable tuvo lugar en 1993 en el Museo Rufino Tamayo en Ciudad de México: una gran exposición de Jörg Immendorf. A partir de ahí desarrollamos otra serie de proyectos: en Los Ángeles y en Nueva York. La sede de Nueva York se abrió en 1994 y la de México en 1997, que duró poco más de tres años, hasta 2001.
AfN: ¿Qué ocurrió durante esos tres años de vida de la galería Ace en México? ¿Quién le apoyó y quién le cerró la puerta?
Hilario Galguera: Tengo que confesar que en México no recibí apoyo de ningún tipo, excepto el de mis amigos y el de los artistas. Siempre se pensó que la galería de México era como un receptáculo de segunda mano de lo que sucedía tanto en LA como en NY, pero en realidad se planteó para realizar proyectos originales, que luego viajarían a estas dos ciudades. En ese sentido, mi idea era recibir ideas de fuera, crear ambiente en México y poderme situar personalmente en el circuito de primer nivel en el que estamos ahora, para a partir de ahí poder promover a los artistas que me interesaban especialmente y que en esos momentos estaban trabajando en México. Esta apuesta o no fue bien entendida o fue malinterpretada, y encontró resistencias, al haberse extendido la idea de que yo no tenía interés en la escena mexicana, sino en traer cosas de fuera.
Poco antes de cerrar, conocí a Santiago Sierra, que estaba a punto de tirar la toalla por no haber encontrado manera de difundir su trabajo en México. Le llevé a Los Ángeles y Nueva York, donde más tarde expuso en la PS1 (sección del MoMA dedicada a jóvenes artistas)... a partir de ahí, Santiago fue catapultado a la fama y reconocido internacionalmente.
AfN: Por lo menos, con Santiago Sierra la idea de utilizar la galería en México como base para proyectos originales que luego viajarían a América sí que funcionó.
Hilario Galguera: Sí, pero insisto que en yo no tenía un especial interés en América, sino en tratar de establecer en México un circuito de interrelación entre instituciones, galerías, coleccionistas y artistas que es característico de la línea que siguen Europa y los Estados Unidos. En cualquier caso, mi hipótesis se confirmó: a partir de Nueva York, la obra de Santiago recibió gran atención en Europa, se expuso en Berlín, y terminó de convertirlo en figura artística de primer nivel.
Lamentablemente, después de poco tiempo, mi proyecto en México tuvo que abortarse.
AfN: ¿Y a partir de ahí?
Hilario Galguera: A partir de ahí me dediqué a hacer otras cosas en Ciudad de México. Recibí la invitación para continuar mis proyectos en Los Ángeles, pero debo confesar que a nivel personal no me pareció atractivo moverme con mi familia a esa ciudad. Consideré que la Ciudad de México tiene una fuerza y una presencia más poderosa que Los Ángeles, que aún siendo una ciudad con una gran potencial, una ciudad muy rica, no puede compararse con lo que sucede en Ciudad de México, por eso decidí quedarme.
AfN: Así llegamos hasta 2004, que es cuando conoce a Damien Hirst. ¿Cómo?
Hilario Galguera: Una serie de personas me lo presentaron a nivel meramente social. En ese momento yo no estaba en condiciones de ofrecerle absolutamente nada. Llevo en este medio desde 1985, conocía perfectamente el rango que tenía Damien Hirst y sabía que era completamente inútil realizar movimiento alguno en ese sentido. Más aún teniendo en cuenta que él trabaja con las galerías más extraordinarias, complejas y poderosas del mundo -Gagosian Gallery, White Cube-...
Así pues, mi acercamiento a él fue puramente social y nos hicimos buenos amigos. Le guié como Virgilio a Dante por ese infierno que es la Ciudad de México. Hablábamos de muchas cosas, no necesariamente de su relación con el mundo del Arte Contemporáneo, aunque sí del arte y la arqueología de México. Un tiempo después él descubrió que yo estaba involucrado en el medio y se sorprendió de que yo no le dijera nada. Pero yo le contesté ¡Tu nunca me preguntaste!
AfN: Sobre todo porque un artista de la talla de Hirst estará acostumbrado a que cualquier persona que tenga que ver con este medio estará tratando de venderse de cualquier manera dos minutos después de haberle conocido...
Hilario Galguera: ¡Por supuesto! No se si por suerte o por desgracia, se relaciona con mucha gente que lo único que quiere es obtener algo de él. Como el Rey Midas, todo lo que toca lo convierte en oro, y muchos quieren tener su parte. Nuestra relación evolucionó de una manera muy natural, somos casi de la misma generación y tenemos una visión muy similar de lo que ocurre en el mundo. A Damien le apasiona extraordinariamente México y vive una considerable parte del año allí. Creo que a partir de ahí pudimos establecer una serie de puntos en común, hasta que un día empezó a cuestionarme por qué no abría yo una galería.
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Manuel P. Caballero e Hilario Galguera |
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