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Conversación con Anneke Oele en Art Amsterdam 2008


Anne Jaap de Rapper, La Mouton Parfumé #7, 2007

Por Manuel P. Caballero


La 24a edición de Art Amsterdam huele a Nuevo. Desde que accediera al puesto de directora, Anneke Oele ha revitalizado una feria prácticamente olvidada, impulsándola año tras año hasta situarla, a un nivel local, en primera línea en cuanto a calidad expositiva se refiere.

En un mercado tan saturado como el actual, la feria ha conseguido hacerse de nuevo un hueco y ya es una cita ineludible en la agenda de galeristas, comisarios y coleccionistas procedentes de los Países Bajos, Alemania y Francia. En total participan 125 galerías, de las cuales 32 son extranjeras, procedentes de 6 países diferentes, con especial representación de Alemania, presente en el panorama internacional cada vez con más fuerza.

Art Amsterdam se sitúa en el calendario de ferias justo entre importantes citas como las de Bruselas y Colonia, celebradas de manera coincidente en abril, y que en los últimos años vienen compitiendo de manera frontal entre ellas; por otro lado, en junio llega Art Basel, cuyo insuperable nivel viene acentuándose además por la presencia cada vez más notable de ferias y más ferias satélite, dedicadas a las galerías más jóvenes y propuestas artísticas más recientes.

Ha sido necesaria la redefinición de Art Amsterdam de manera casi completa, para que hoy podamos contemplar el buen resultado de un proceso de cambio que ha durado varios años. En una relajada conversación mantenida con Anneke Oele, directora de la feria, hemos ido desgranando las claves de ese proceso, que se refleja en las novedades con que cuenta la edición de este año.

Respecto a la inauguración, la directora se muestra "... muy feliz; ha sido increíble, la gente sólo tenía palabras de agradecimiento. Durante mucho tiempo la feria ha pasado desapercibida, precisamente por no ser buena. Desde hace seis años he tratado de mejorarla, y la gente todavía se sigue sorprendiendo de lo que hemos conseguido, porque no podían imaginar que alcanzáramos el nivel que ahora tenemos. Ahora estamos a la altura de un nivel internacional estándar". La arquitectura del espacio es algo que también resulta muy atractivo para el visitante, "... puesto que contamos con un espacio abierto y luminoso, al margen de que este año el tiempo está siendo una maravilla, lo que hace que estemos rodeados de luz natural todo el tiempo".

Recorriendo la feria, uno nota una tranquilidad poco común en los galeristas. Para su directora, los aspectos técnicos son muy importantes, pues "... de ellos depende gran parte del ánimo que tedrá el galerista y el visitante. He sido comisaria e historiadora del arte, y lo que he tratado es no de montar una feria de arte al uso, sino más bien una exposición. Trato de que la gente se sienta un poco como en un museo". Prueba clara de ello es la iniciativa de presentar stands con exposiciones individuales. Este año son 18 las galerías que participan de esta manera en Art Amsterdam.

Lo que nunca hay que olvidar es que una feria de arte es, ante todo, mercado: comprar y vender. Eso es algo que Anneke Oele siempre ha tenido presente, por eso ha impulsado la creación de un nuevo programa VIP que atrajera a coleccionistas extranjeros a Amsterdam. "Para crear el programa VIP, tuve que esperar a tener la impresión de que la feria era lo suficientemente buena. Empezamos el año pasado con él. Hemos propuesto a las 32 galerías extranjeras que invitaran a sus mejores coleccionistas a que vinieran a Amsterdam y les hemos pagado el hotel, vamos a ver qué tal funciona. Lo que sí me interesaba era que se invitara a coleccionistas extranjeros, que de otro modo no estarían aquí".

Otra de las propuestas en este sentido es el Day for begginer art collector (Día del joven coleccionista). Se trata de fomentar el coleccionismo entre jóvenes de entre 17 y 22 años. La cosa suena desproporcionada, pero según la directora de Art Amsterdam "... llevamos ya 5 años con esta propuesta, y es todo un éxito. Diferentes estudios han demostrado que las personas comprendidas entre estas edades muestran una sensibilidad mayor hacia la obra de arte. En este evento, los jóvenes participantes serán asesorados por grandes coleccionistas, que les guiarán por el camino hacia su primera adquisición. Yo compré mi primera obra cuando tenía 16 años. Todavía no sé por qué, pero estaba segura de que la quería. Ésa fue la primera de muchas. No se trata de convertir a estos jóvenes en coleccionistas, pero sí de darles la gran oportunidad de ser aconsejados por gente que se dedica a esto de manera profesional".

Johan Tahon, Kleine witte balsem, 2007

En cuanto al nivel de ventas, es difícil dar una estimación, pues Art Amsterdam no ha acabado todavía, pero parece que se van a alcanzar muy buenas cifras, a juzgar por la cantidad de obras vendidas durante el primer día de la feria. En ese sentido, Anneke Oele se muestra convencida de que "...un galerista extranjero debe aprender a comprender al coleccionista del país en el que se encuentra. Es lógico que la feria funcione mejor para las galerías locales, pero la capacidad del galerista a la hora de vender a un coleccionista de otra nacionalidad es clave. En cada páis, el coleccionista se comporta de manera diferente, es raro. Por ejemplo, los coleccionists belgas gustan de pasear tranquilos por los stands y de hablar con el galerista sólo cuando ellos quieran. Aquí en Holanda es diferente, y el galerista debe saberlo: al coleccionista le encanta que uno se acerque a él y le ofrezca contarle cosas sobre la obra".

Otro de los proyectos más interesantes presentados en Amsterdam es el del Museo Boijmans Van Beuningen, que quiere levantar un gran edificio (cuya enorme maqueta se puede contemplar en la feria) en la ciudad de Rotterdam, cuya característica más destacable es la de dedicar una parte de su espacio a su colección permanente, y otra cederla o alquilarla a coleccionistas privados. Para la directora de Art Amsterdam "...es una propuesta muy inteligente. Los coleccionistas privados tiene cada vez más importancia, y los museos no pueden ser ajenos a ello. Lo que el Collectiegebouw (Edificio de la Colección) propone son contratos a largo plazo con coleccionistas privados, que obtengan un espacio para almacenar sus obras, y al mismo tiempo éstas puedan utilizarse para exposiciones que el museo lleve a cabo. El coleccionista también tiene la oportunidad de organizar sus propias actividades en este espacio que se quiere construir, y que ha sido proyectado por el equipo de arquitectos MVRDV. Creo que lo mejor de la idea reside en el hecho de que hay museos que no pueden permitirse la adquisición de determinadas obras con las que les gustaría contar. De esta manera sí pueden conseguirlo, pues, aunque la obra no vaya a pertenecer de facto al museo, sí podrá ayudar a que su colección sea mucho más razonada y sus exposiciones más completas".

www.artamsterdam.nl

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