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Entrevista a Ximo Lizana


“La función de mis máquinas y hologramas es su propia existencia y su interacción con el espectador.”


Hace poco ha finalizado su exposición en IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), en la que ha presentado 33 fotografías junto a robots, trabajos suyos realizados del 2001 al 2009. ¿Cómo ha sido la acogida?

X.L: Estupenda. Este proyecto es fruto de 3 años de trabajo, y recopila obra nueva y proyectos realizados en los últimos 15 años. Valencia es mi "ciudad madre" por muchos motivos, entre los que destacan mis años de trabajo junto a la Galería Punto y mi formación en la facultad de Bellas Artes. Detrás de la exposición hay mucho cariño, y por eso debo agradecer el apoyo de la gente del IVAM, donde empecé de becario en el taller de didáctica. Y agradecimiento en concreto a la persona de Consuelo Ciscar, que ha creído en mi proyecto artístico desde mis comienzos.

En 2005 presentó en ARCO, junto con IVAM, el proyecto Ángeles Robóticos, siendo la primera vez en la historia de España en la que un museo internacional adquiría robots como obras de arte. También ha sido el primer artista español en ganar el premio de la crítica alemana por investigar las posibilidades que ofrece la tecnología al servicio del arte. ¿Dónde ha encontrado sus influencias? ¿Se considera un pionero en este ámbito?

X.L: Mis influencias vienen de los dominios de la cibercultura, así como de las nuevas filosofías derivadas del pensamiento de creadores y pensadores como Stelarc, Chico MacMurtrie, Jean Baudrillard y Guy Debord. El término pionero no me acaba de gustar del todo, prefiero ser un pensador contemporáneo, paseándose por caminos no pisados con anterioridad. Soy un ciberaldeano, un aragonés, que combina lo ancestral de una cultura centenaria y su estética, con la alta tecnología como lenguaje natural de comunicación conceptual, tradición y tecnología: robótica para el pueblo.

En su temática se puede apreciar un tratamiento de los temas tradicionales del arte con un toque tecnológico, y le otorga, por supuesto, otro punto de vista. ¿Qué prima en su arte la emoción o la tecnología? ¿Se puede considerar su arte expresionista?

X.L: Mi arte es expresionista. La tecnología solo es un instrumento para transmitir conceptos complejos sobre la cultura contemporánea y sus dilemas. Para las personas que hemos tenido una formación tecnológica desde la infancia, se trata básicamente de nuestro canal de comunicación natural.

Usted ha participado en varias ediciones de ARCO MADRID. Se podría decir que ARCO, y la situación del arte en España en general pasa por un momento turbulento. ¿Qué opina sobre la situación actual en España?

X.L: Mi relación con arco es triple. Primero Galería Punto, mi galería madre fue una de las fundadoras, yo he participado en numerosas ediciones como artista, y durante un tiempo fui el director artístico de la feria, en la época de Rosina Gómez Baeza. Dicha época fue la de mayor internacionalización de la feria, llegando a ser una de las más prestigiosas a escala global. Ahora después de una etapa de transición compleja, parece que se proyecta con ilusiones renovadas y un nuevo órgano de dirección, y yo personalmente les deseo lo mejor.

Era el director general del Proyecto SENSOR IVAM, un innovador proyecto museístico, que cree en un arte inacabado que evoluciona día a día, y en el que el espectador se convierte en el último escalón de todo el proceso. ¿Qué nos puede contar al respecto?

X.L: SENSOR fue un proyecto complejo, que aunque no se llegó a materializar por problemas de contexto, sentó las bases de mis proyectos tecnológicos y colaboraciones en el IVAM. La idea era la de concebir un arte internacional itinerante, para la creación de museos más interactivos. Lástima que no llegara a realizarse puesto que era un proyecto muy interesante, pero que acarreaba mucho trabajo. Ojalá se pueda retomar en un futuro.






En el terreno de la robótica, o en el mundo androide, la humanidad proyecta sus ambiciones, defectos y miedos. El New Media Art, en el cual los autores emplean las tecnologías con una intención crítica y experimental, bebe del Posthumanismo, pero también del Transhumanismo. Obviando las diferencias, ¿de qué lado se posiciona?

X.L: Soy partidario de construir imágenes y robots directamente desde el pensamiento. La energía mental se convierte en síntesis 3D y posteriormente en construcciones robóticas, hologramas, estereogramas e imágenes fotográficas virtualmente elaboradas. Es una forma de transferir los datos de nuestro cerebro. Son robots que construyen a mis robots. Yo pienso y creo la imagen virtual, pero el proceso siempre es binario, robótico y automático. Por eso amo Alemania, es uno de los pocos países que asumen este tipo de obra perfectamente. Rusia, Corea del sur, Canadá... también. Japón es muy tecnológico, pero creo que poco expresionista y visceral. La electrónica de mis robots es “hand made”, y un purista japonés no creo que asumiese la máquina como respuesta conceptual de un pensamiento o un sentimiento desde un punto de vista artístico, en vez de un alarde técnico o un resultado de innovación. Sus robots hacen cosas y los míos dicen cosas. La función de mis máquinas y hologramas es su propia existencia y su interacción con el espectador. El pensamiento tecnológico no es más que la obsesión del arte por ser cronista de su tiempo. Para ser coherente con el tiempo que vivimos la interacción tecnológica con el pensamiento es necesaria. Ahora igual sorprende un poco, pero el pensamiento de los niños ya es tridimensional y multitarea. Los nuevos filósofos son Raymond Kurzweil, Daniel Bennett, Jean Baudrillard, Hakim Bey... los padres del Transhumanismo; personas que asumen los nuevos medios y el nuevo pensamiento derivado de ellos.

Las máscaras es una temática recurrente en su obra. Pero la obra en sí también se identifica como la máscara del autor. ¿Qué hay detrás de las máscaras y los robots de Ximo?

X.L: Utilizo las máscaras para proteger las cosas importantes de la vida de un mundo contaminado. En mi obra, la belleza del futuro la determinará nuestra máscara de gas. El mundo está contaminado por el propio hombre, los transgénicos, las microondas, la especulación, la religión mal enfocada, los radicalismos... Enumerarlo todo sería un no acabar. La tecnología nos amplifica en nuestras limitaciones orgánicas.

Con Mid Air Shark mostró una nueva forma de hacer escultura. Se trataba de un tiburón hecho completamente de luz, una luz que viene y va a ninguna parte. ¿Qué significado esconde esta obra? ¿Existe alguna conexión con la sociedad?

X.L: Mid Air Shark es un juego, un reto que consiste en eliminar la materia de la obra de arte; la idea de crear una escultura sin materia en tres dimensiones, y que se pudiese ver con luz del día sin necesidad de gafas 3D. Estaba en mi mente desde que empecé mi periplo artístico; era la conexión más directa que he podido realizar hasta el momento entre la idea original (idea mental) y el resultado (pieza escultórica). Es una obra de arte que gracias a lo tecnológico, roza lo mágico. Y consigue involucrar al espectador de manera emocional e interactiva, casi visceral. En mi obra, el máximo exponente es el triunfo del arte frente a la artesanía, y la búsqueda del valor de la idea original.

Usted dijo que “la tecnología es una especie de prótesis que nos hace mejores”. Por ejemplo, el artista Stelarc se puso una oreja protésica en el brazo. ¿Es este un ejemplo de lo que se refiere? ¿Cómo puede hacer mejor al arte la tecnología?

X.L: No, no es un ejemplo. Más bien se trata de que la tecnología amplifique nuestras limitaciones orgánicas y espacio-temporales. Estamos en un tiempo de gran velocidad de ideas, estéticas y pensamiento. La tecnología amplifica la limitación de la carne codificando en unos y ceros ideas de la nueva realidad del hombre. La tecnología puede ayudar al arte siendo una herramienta creada por el hombre para expresar ideas contemporáneas y conceptuales, que los medios tradicionales en ocasiones no pueden transmitir: la magia de la interactividad, por ejemplo. La relación que hay entre ambos, es la misma que hay entre un coche y su dueño después de unos años de uso: una extensión virtual del propio cuerpo.

Dentro del New Media Art existen artistas que ante las dificultades tecnológicas que encuentran a la hora de exponer sus obras, deciden trabajar por libre. Y mantienen presencia internacional sin necesidad de recurrir a las galerías, museos y otras instituciones. ¿Qué papel cree tienen o pueden llegar a tener las nuevas tecnologías en los museos? ¿Qué futuro tienen este tipo de obras en el mercado del arte?

X.L: Eso depende de sus directores y gestores, pero sí tienen que ser consecuentes con la realidad social, no deberían excluir este tipo de lenguajes creativos, ya que lo importante es la idea que se esconde tras la obra y no la herramienta con que se creó. Los coleccionistas, no dejan de ser enamorados del arte que apuestan por la idea de un creador, y la apuesta la hacen con su propio capital, lo que denota que se trata de una apuesta sincera.

¿Cuál ha sido su proyecto más difícil?

X.L: No ha sido crear ninguna máquina, yo creo que ha sido permanecer fiel a mis convicciones y no dejarme llevar por los movimientos especulativos, que nada tienen que ver con el arte verdadero.

¿En qué proyecto está sumergido ahora o hay un nuevo campo que quiera explorar?

X.L: Mis últimos robots, están construidos por otros robots, yo me limito a moverme en el mundo conceptual y en el de la programación de las máquinas para que creen las obras. También he logrado plasmar video en papel e imágenes fotográficas que flotan un metro fuera de su soporte. El arte sigue divirtiéndome.

Ximo Lizana es artista, profesor e investigador. Es capaz de compaginar su labor de investigación con la de artista y ejerce la docencia como profesor del área de Tecnología y de Comunicación en la Universidad Europea de Madrid.

Entrevista: Isabel Valencia

ximolizana.spaces.live.com

(15.7.2010)

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